La ciudadanía no es hereditaria

El debilitamiento del nacionalismo a nivel mundial ha llevado a diversos cuestionamientos sobre la pervivencia del Estado. Aunque los sectores sociales en oposición al Estado como vínculo de identidad social se han incrementado en el siglo XX y el siglo XXI, la fuerza del nacionalismo sigue siendo el mayor lazo social en casi todos los países.

La ciudadanía es un vínculo político que tiene diversas dimensiones, entre ellas las que competen al ejercicio de los derechos políticos que, como todo derecho, es opcional; esta cuestión ha causado escozor a nivel de la institucionalidad en diversos países, incluido México, por el divorcio social frente a la participación de las tareas del Estado y la marcada carencia de empatía hacia las estructuras políticas, de las cuales los partidos políticos son rémora.

El análisis crítico de la dimensión ciudadana parte de pensar que la ciudadanía se ha replegado como sociedad civil a la esfera privada del Estado, generando sus propias estrategias de desarrollo para propiciar la dinámica social al margen de la mayor parte de las directrices del ejercicio de gobierno, el cual, por cierto, experimenta precarios niveles de legitimidad y credibilidad en muchos países.

El desencuentro de la ciudadanía con el poder público nos muestra que la ciudadanía no es hereditaria, que es una construcción identitaria que en su dimensión política debe ser estimulada por gobiernos que sean capaces de generar horizontalidad y asociativismo ciudadano como condición fundamental de la tarea de Estado.

Es evidente que la clase política -que por décadas ha estado en crisis- no tiene los argumentos necesarios para propiciar el ejercicio de las tareas ciudadanas en el Estado, cuestión que se ve empañada en México por el capital político del presidente López Obrador, quien está por encima de los partidos políticos y su poder de convocatoria, y es la radiografía de que los liderazgos carismáticos se fortalecen cuando los esquemas de acción de las estructuras políticas se debilitan.

Los cuestionamientos de la ciudadanía hacia la democracia representativa son un efecto de la debilidad estructural que presenta la institucionalidad del poder, por ello, la autoexclusión o abstencionismo es la herida abierta del sistema político, el cual no requiere una reforma, sino su refundación en el Estado.

 

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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