La comprensión ontológica 62

La serpiente ocultaba su identidad entre las sombras de la noche, encubierta por la inmensidad en la diversa arena y, mientras clarificaba progresivamente mi visión, la oscuridad camuflaba su agitado cascabel.

          Sus ojos.

Al reconocerla sentí un electrizante viaje de intensos nervios por toda mi columna vertebral, mis poros se elevaron de manera desconcertante hasta su cúspide y, tras un fuerte mareo de desahuciado enfermo, un profundo vacío en mi estómago produjo un malestar que desembocó en una terrible náusea.

Me cuesta trabajo respirar.

Comencé a ver gusanillos transparentes en toda mi visión, cerré los ojos y, aún en la obligada oscuridad detrás mis párpados, los gusanillos seguían moviéndose como si me estuviesen comiendo el cerebro.

Me duele la cabeza.

Abrí los ojos nuevamente, los gusanillos dejaron de aparecer y, en un impactante santiamén de látigo, la serpiente se desenroscó como un potente resorte para atacarme.

 

62.1     ¿Qué es el ente en cuanto tal? La esencia del ente, la forma del ente o el ser del ente. Las tres posibilidades son metafísicas ¿no? La esencia no es física, tampoco la forma y mucho menos el ser: la primera está en el mundo de las Ideas, la segunda en el mundo racional y el tercero es una simple interpretación.

—¿Qué es el ente en cuanto concepto filosófico?

—La unidad en la pluralidad.

Lo que cambia de filósofo a filósofo es la caracterización de «ente», «unidad» y «pluralidad».

 

62.2    El devenir plantea otras verdades, otras bellezas y otras bondades. No hay ninguna pretensión que trascienda el tiempo, el espacio y la historia. No hay verdades absolutas, necesarias o universales en sentido clásico, tradicional o, concretamente, metafísico; sino verdades que adquieren el carácter de absoluto, necesidad y universalidad a partir de una interpretación no-metafísica del lenguaje.

          Una filosofía postmetafísica.

El concepto de absoluto no es absoluto, el de necesidad no es necesario y el de universalidad no es universalmente válido.

 

62.3    El devenir no puede describirse sino sólo mostrarse a través del arte.

 

62.4    El intimidante sonido de cascabel, abro los ojos interrumpiendo mis pensamientos y, clarificando progresivamente mi visión, una serpiente enroscada a poca distancia entre las sombras de la noche. Siento nervios, un fuerte mareo y, como implicación, una terrible náusea que me impide respirar. Mi visión se nubla, me duele la cabeza y, en un perturbador santiamén, la serpiente se desenrosca como un potente resorte para atacarme.

 

62.5    ¿Han sentido el veneno de víbora recorriendo su cuerpo?

—Dirás «torrente sanguíneo».

—¿Y dónde está dicho torrente?

—No —dice Vera luego de un silencio.

—No qué.

—Nunca me ha mordido una serpiente.

 

Continúa 63

Autor: Serner Mexica

Filósofo por la UAM, estudió la Maestría en la UNAM y el Doctorado en la Universidad de La Habana. Fue Becario de Investigación en El Colegio de México y de Guionismo en IMCINE. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia EMILIO CARBALLIDO por su obra "Apóstol de la democracia" y en el 2011 el Premio Internacional LATIN HERITAGE FOUNDATION por su tesis doctoral "Terapia wittgensteiniana".






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