La dictadura de las minorías

Hoy los medios de comunicación no dan voz a la aburrida mayoría, pues no es noticia, sino a las minorías, la moda de los “diferentes”. Los líderes de opinión o “influencers”, y algunos jóvenes luchan diariamente por “ser alguien” y “trascender” acumulando “likes”, suscriptores, etcétera, pero no buscan la verdad, sino “quedar bien”.

Toda época y cultura tiene modas. En el ágora de Atenas, los “strategoi” (magistrados y generales) y los “aristoi” (los mejores) argumentaron, votaron y ejercieron su democracia. Hoy, nuestra democracia como estructura jurídica, régimen político y “sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”[1] es demagogia con un pueblo no representado, dado que diputados y senadores representan intereses de bancadas partidistas y no gestionan el bien común. Un mero cambio de nombre no modificó nada.

En probabilidad y estadística se demuestra, mediante la curva Normal, que el promedio divide la población en dos mitades. La media aritmética es una línea divisoria, NO una zona inclusiva, por lo tanto, si el promedio es lo normal, entonces NADIE ES NORMALa menos que una autoridad defina los límites inferiores y superiores de un rango para CREAR la zona normal. Estos límites generalmente son arbitrarios y a conveniencia de una política social o económica, y delimitan lo normal de lo anormal, las clases, las mayorías y las minorías. ¿Qué pasa si la norma que define lo normal y reglamenta la conducta social queda en manos de ineptos?

Hoy los medios de comunicación no dan voz a la aburrida mayoría, pues no es noticia, sino a las minorías, la moda de los “diferentes”. Los líderes de opinión o “influencers”, y algunos jóvenes luchan diariamente por “ser alguien” y “trascender” acumulando “likes”, suscriptores, etcétera, pero no buscan la verdad, sino “quedar bien”. Ambos ayudan a creer que “ser diferente”, “el cambio” y llamar la atención, otorga clase y distinción, que la minoría es una élite con fuerza. Es mentira: ser diferente no significa ser mejor, y empeorar también es un cambio.

En nuestro mundo al revés lo normal es raro, mientras lo usual es romper la norma. Hoy luchamos por la igualdad, y al mismo tiempo queremos ser diferentes. Lo ilegal se legaliza: asesinato, drogas, guerra, eutanasia, aborto. Se ve bien adoptar un animal callejero… mientras países enteros se consideran no viables (cuarto mundo) y se usan como ratas de laboratorio. Salvamos una tortuga pero matamos una civilización, aburre salvar al tercer mundo, el segundo mundo del bloque socialista o capitalismo de estado avanza junto con el primer mundo capitalista hacia la decadencia.

El Islam permite a los varones tener sexo con animales y menores de edad[2]. Pero defendemos la libertad de credos, ser tolerantes e incluyentes. En esa línea veremos mujeres reclamando su derecho igualitario a fornicar, modificando el Corán. Los hombres demandarán al Estado su derecho a ser “mamá”. Que se cambie la ley para tener matrimonios igualitarios, y de una vez legalizar el harem y la poligamia… da igual poliandria o poliginia porque ¡“hay que” desaparecer la diferencia sexual!

La educación constitucional busca evitar “los privilegios de razas, de religión, de grupos, de sexos o de individuos”[3], pero justamente por el contrario se busca posicionar privilegios de grupos. Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Transgénero, Trasvesti, Intersexuales, Queer (raros), Asexuales…que dicen son una comunidad: LGBTTTIQA, pero no son unidad, ni representativa ni organizada con acuerdos comunes. Entre ellos mismos hay intolerancia, falta de diálogo, diferencias y desigualdades obvias: por ejemplo entre un casto asexual y un pansexual pervertido.

Si yo nací “Y” pero siento que soy “X”, entonces “soy y tengo derecho” a ser tratado como “X” y exijo que la ley me dé la razón. Y si mañana me siento “K”, ¿que se vuelva a cambiar la ley? (¡El Estado al contentillo de la persona!). ¿Si me siento perico soy perico? Con tales bases y forma de pensar el necrofílico luchará por el derecho a casarse con un cadáver, veremos a los coprofílicos exigiendo al Estado su dotación de heces. Los sádicos ejercerán su derecho a torturar y los masoquistas harán marchas exigiendo vejación satisfactoria. Sumando coprofílicos, masoquistas, necrofílicos, pederastas, pansexuales, sádicos y zoofílicos, tenemos LGBTTTIQACMNPPSZ +plus. Siendo incluyentes aún le faltan muchas letras a la comunidad abecedario para legalizar toda parafilia, desviación o locura.

Buscamos derecho de adopción homoparental, pero no reconocemos los derechos del niño a ser adoptado. Se busca considerar el deseo de la madre, pero se niega el derecho a la vida del bebé. Con un tecnicismo de “cambio de nombre”, un ser humano deja de serlo. Un cigoto, embrión, mórula, feto… simplemente ya no tiene derechos humanos. A ese tenor, se decreta “vaca” a las personas, y comer gente no es canibalismo. Llamemos “vegetal” a la carne, para que veganos y judíos coman hamburguesas de cerdo. ¡Arriba la gastronomía igualitaria!

Hoy, como siempre, se lucha por convertir los caprichos de pocos en derecho por ley, y los deseos personales en obligación general. Hoy, como nunca, parece más importante sentir que pensar, y parece con más argumentos quien grita o hace un berrinche más fuerte… los medios amarillistas exacerban el morbo para vender. Esta época resalta por su incongruencia y su falta de juicio; exaltan la diversidad igualitaria y la tolerancia de lo intolerable hasta el absurdo. Considero que vamos por un camino muy peligroso, que denigra la raza humana, que hoy presume lo que antes daba vergüenza, y a eso le llama ¡libertad!

 

[1] Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Artículo 3, fracción 11, inciso a).

[2] “El hombre puede tener relaciones sexuales con animales, como las ovejas, las vacas, los camellos y otros. Sin embargo, debe degollar al animal después de haber alcanzado el orgasmo. No debe vender la carne a las gentes de su pueblo, pero la venta de esa carne en otros pueblos es lícita“. (Jomeini,”Tahrirolvashyleh” 4º volumen, Darol Orm, Gom, Irán 1990

[3] Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Artículo 3, fracción 11, inciso c).

Autor: Carlos Enrique Arias Vera

"Carlos Enrique Arias Vera, un ser humano peregrino por la vida, oriundo de una ciudad (Pachuca) y familia cosmopolitas, y diversificado en variadas aficiones, entre ellas el canto y las letras, docente de vocación, con grado de maestría, de profesión ingeniero civil. Tiene una curiosidad versátil y siempre insatisfecha. La mezcla de su formación académica, con la afición autodidacta a las artes y la práctica de algunos deportes y actividades, le confieren una cosmo visión personal sui géneris que comparte al tamiz de una filosofía dinámica, incluyente y matizada, y al igual que México, evoca un crisol del cual emerge un mosaico de opiniones y observaciones."


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