La eterna espera

El tiempo de espera en una sala de urgencias no debería significar la muerte para ninguna persona, pero la burocracia se ha metido hasta el corazón de todas las instituciones del país.

Un hombre muere en la sala de espera de un hospital. Esa es la premisa con la que podría comenzar una historia de suspenso, terror o género negro. Sin embargo, lejos de ser el argumento para una novela, éste es un hecho ocurrido en Pachuca hace un par de días en la sala de urgencias de la clínica del ISSSTE. El hecho, más allá de los detalles, es una alerta para los servicios de salud en Hidalgo. El tiempo de espera en una sala de urgencias no debería significar la muerte para ninguna persona. Las culpas recaen sobre todas las partes del proceso de atención médica, desde quienes reciben a un paciente en el primer filtro de los hospitales, hasta el personal médico que valora el estado de salud de una persona.

Es sabido que, a lo largo de este proceso, existen aspectos que poco tienen que ver con los asuntos médicos, pues la burocracia y todos sus códigos se han metido hasta el corazón de todas las instituciones de nuestro país. Sin embargo, es en los hospitales en donde estos procesos se vuelven mortales, pues es la vida de las personas lo que está en juego. Ya sea por una falta de cobertura, por la necesidad de contar con mayor personal médico o por la emergencia de contar con personal que preste una atención más humana y eficaz, el sistema de salud en nuestro estado necesita regenerarse y evitar, a toda costa, la muerte de personas en espera de servicios médicos.


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