La necesidad de pertenecer

En México ya no se habla tanto de meritocracia como de partidocracia, la cual ha sido impulsada por AMLO, quien parece ignorar que esto solamente fomenta la intolerancia y el odio.

Antes del 2018, las personas que tenían la esperanza de que el sistema cambiara para bien, se encontraban aisladas y desconfiadas. Eran huérfanos políticos, incomprendidos y hasta burlados.

El decadente sexenio de EPN nutrió la idea de que AMLO fuera quien encabezara esa lucha por la honestidad y la solidaridad con los más desiguales y marginados, que en realidad muy pocos batían con sinceridad.

Sin embargo, a cuatro años de aquella elección trascendental, lo que tenemos más fuerte que nunca es la partidocracia, reclutadora de todos aquellos que buscan pertenecer y que están dispuestos a mantener una idea (la de la esperanza del cambio) con tal de que se purifiquen y que sean los benefactores del poder y dinero público, aunque todo siga casi igual, salvo la imagen del presidente.

Muchos de los políticos hoy “purificados” jamás han tenido la convicción de “un cambio verdadero”; jamás han profesado la honestidad y tienen una idea muy vaga de la justicia y las ideologías, pero saben de la necesidad de pertenecer para poder enorgullecerse de ser parte de un movimiento que les ha dado posiciones que jamás hubieran imaginado, con todo lo que ello conlleva.

En este aspecto, la partidocracia ha sido más efectiva que la meritocracia: le da poder a quien quizá menos lo esperaba. Sin embargo, es de justos preguntarse: ¿están en el poder los que deberían estar?, ¿lo están buscando quienes se lo merecen?

Las cuestiones de mérito son muy subjetivas y fácilmente criticables, pero ello no justifica que nos coloquemos velos de ignorancia para no ver que la partidocracia no es la solución a nuestros problemas, sino que los agranda.

La partidocracia crea posturas de intolerancia que dividen a la población por mera emoción y no por razones de injusticia y desigualdad real. La partidocracia fomenta la intolerancia y el odio hacia el otro.

Jamás el bien común debe justificar la exclusión y el odio hacia unos por el beneficio de otros. El bien común es una aspiración en beneficio de todos, sin que ella se entienda como una justificación para perdonar delitos o corruptelas. Castigar los delitos y corruptelas es necesario para el bien común porque es justo que, conforme a la ley, se sancione a quienes hacen daño con sus actos a la población y el país.

AMLO es un hombre de lucha. De qué ha vivido sí es un enigma y probablemente no nos gustará saber la verdad, aunque no sea tan mala, pero quienes hemos luchado por la democracia y la desigualdad sabemos lo difícil que es mantenerse en esa lucha siendo uno contra el mundo. Pero el problema ya no es AMLO como persona, sino la partidocracia que ha fortalecido a costa de beneficiar a quienes no son dignos representantes de la lucha por la desigualdad y la injusticia.

Autor: Leonardo Flores Solís

Abogado de profesión y activista por vocación. Soy producto de la justicia social. Maestro en Derecho por la UNAM y licenciado en Derecho por la UAEH. Soy más puma que garza.


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