Una lectura política trasciende frente a la profecía del PRI Hidalgo sobre su debacle y desaparición, que han perfilado los reflectores mediáticos frente al éxodo masivo de correligionarios como José Antonio Rojo y Benjamín Rico, donde el abandono y ostracismo en el tricolor no causa mayor sorpresa, pese a que el negacionismo de su cúpula dirigente, los presente como “casos aislados”, pero en un acto de ira, como lo expresa Marco Mendoza, el líder del elefante blanco de bulevar Colosio, señale que “sólo se afiliarán al partido personas con un perfil de amplia lealtad o probada lealtad”.
Si el problema del PRI Hidalgo es de lealtad, de adhesión política, ¿cómo se puede explicar que personeros que dijeron amar al partido hasta sus huesos, como Jorge Rojo y Benjamín Rico, lo hayan abandonado?
En términos estrictos, la carencia de lealtad política al PRI Hidalgo, y en la nación, presenta dos componentes:
I. Nepotismo de cúpula
Hasta para los que fueron parte integral de la cúpula del poder en el PRI Hidalgo, como José Antonio Rojo o Benjamín Rico, el nepotismo de cúpula prima como cáncer óseo en la estructura del tricolor, al grado que sus principios “democráticos fundacionales” han pasado a mejor vida. Es necesario preguntar en este escenario “cuándo el PRI fue un partido democrático”.
En este trazo, el nepotismo de cúpula ha marginado, segregado e impedido la movilidad y capilaridad de cuadros de la base militante, que por décadas no fue escuchada y que fue avasallada a tal grado, que la lealtad se convirtió en cadena de esclavitud política.
II. Las prebendas no lubrican
En un partido donde impera el nepotismo, las prebendas o gratificaciones suelen ser el componente lubricante que impide “romper la cadena de mando”. Empero, si analizamos la debacle del PRI Hidalgo a nivel regional, podemos apreciar que una vez que no bastó con el obsequio de la “gorra, playera o la torta” y la promesa de que la Revolución haría justicia, las cosas se pusieron negras y el éxodo y el encuentro con nuevas prebendas dio paso a nuevas fórmulas partidistas en los espacios que antes copaba el tricolor.
No podríamos advertir que la conciencia política se diseminó en Hidalgo como pólvora encendida; empero, sí es necesario apreciar que frente a las prebendas del tricolor a sus agremiados y simpatizantes, los programas del Bienestar ocupan otra lógica e intención de cooptación política y adhesión militante.
Por ende, mis únicos y queridos lectores, las amenazas que retumban en el elefante blanco de bulevar Colosio sobre que “sólo se admitirán militantes de probada lealtad” parece ser un grito famélico que no arenga o asusta a nadie, pese a que se grita al cielo bajo el tenor de “te lo digo Pablo para que lo entiendas Pedro”.
Como analista político me surge una duda metódica sobre las declaraciones de la lealtad tricolor: ¿qué ha hecho la cúpula del PRI para formar cuadros de militantes donde la ideología -si es que la tiene este partido-, haya impregnado el espíritu “revolucionario” que debe imperar en sus agremiados?
Creo que la respuesta a esa duda metódica, como diría Descartes, es poco menos que una quimera del oro al estilo de Chaplin o una profecía política de que donde existe nepotismo político, el éxodo es una pandemia.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.







