La rearticulación del contexto de la gubernatura femenina en Hidalgo otorga luces y sombras en torno a la selección de las candidatas que habrán de contender en la sucesión transexenal del 2028.
Una revisión sustantiva del carrusel de Morena en la transición a la gubernatura femenina permite enfatizar que, aún, nada está dicho y que las presiones desde y hacia diferentes latitudes de la estructura del gobierno de alternancia de Julio Menchaca se suceden tratando de perfilar desde los grupos de interés la candidata que abanderará a Morena en el próximo proceso electoral en el cambio de mando del Poder Ejecutivo de Hidalgo.
Trascender a una visión puramente electoral en la selección de la candidata de Morena y el flujo de presiones que se han presentado en el péndulo de la sucesión gubernamental precisa entender que el contexto político de Hidalgo atiende, a su vez, al contexto y proyecto de la presidenta Sheinbaum Pardo de la 4T.
En este escenario, Hidalgo y la clase política de Morena no debe equivocarse en la selección de la candidata a la gubernatura, ello impele que la lectura de la realidad política se oriente hacia la solidez de una personera cuya presencia en la sociedad civil otorgue probidad pública y amparo social.
La actuación de Vanesa Escalante Arroyo, la actual secretaria de Salud de Hidalgo, ha ido creando un imaginario colectivo desde las Rutas de la Transformación en la que se destaca como una servidora pública con conocimiento y de operación política de proximidad ciudadana, condiciones que la han situado no sólo en el conocimiento de las y los hidalguenses, sino entre la clase política de Morena.
Precedida de un activismo político de cercanía social, Vanesa Escalante ha concretado una carrera ascendente, lo mismo desde el Congreso de Hidalgo que en la Secretaría de Salud; encargo donde su conocimiento y expertiz ha ido acompañando los programas de salud del Bienestar, creando un piso firme entre la ciudadanía que menos tiene en Hidalgo.
En este trazo de activismo político, Escalante Arroyo se destaca por su comprensión solidaria de los requerimientos por construir un sistema de salud de vanguardia para brindar mayores oportunidades de desarrollo social y en torno a la solidez humana en dignidad de condiciones.
La actual coyuntura de configuración política de la posible gubernatura femenina en Hidalgo perfila a Vanesa Escalante como la mujer disruptiva de Morena, que ha ganado reflectores ante la proximidad ciudadana de su trabajo, pero, también, debido a la visión de empoderamiento femenino en los escaños políticos para construir una fuerza de vanguardia social que lo mismo ha dejado ver en diferentes latitudes del territorio hidalguense.
La confianza que le pondera el gobernador Menchaca Salazar se ha manifestado en una gestión en la Secretaría de Salud que, paulatinamente, ha ido afianzando los programas de desarrollo del sector de salud pública y se inserta en un modelo que la 4T destaca como punta de lanza en las lógicas de desarrollo humano de las y los mexicanos.
El modelo de salud pública en Hidalgo incide de manera orgánica en la fortaleza social que requiere como fuerza motriz el equilibrio de una sociedad con mayor estabilidad y esperanza de vida. Es, significativamente, un engranaje que va más allá de la salud pública debido a su movilidad y capilaridad a estructuras de producción de obreros, campesinos, universitarios, adultos mayores, jóvenes en pleno desarrollo y el hogar.
Vanesa Escalante Arroyo se ha convertido en la gestión de Julio Menchaca en el brazo de confianza gubernamental como la mujer disruptiva de un staff político que reclama, precisamente, una figura femenina con carácter, conocimiento y decisión.
La estructura política de confianza que ha generado Escalante Arroyo ya perfila un principio inexorable en política: “otórgale el poder a quien, desde su expertiz y compromiso, fortalezca el proyecto social que sostiene tu poder”.







