Los frentes de AMLO

El actual es un gobierno sin contrapesos. Todo el poder se concentra en torno a la figura presidencial. A medida que AMLO se instala en el cargo, hace sentir a sus adversarios, y a quienes disienten con él, sus enormes atribuciones para generar un cuasigobierno unipersonal, incluso hasta los otros poderes, el servil Legislativo y ahora el Judicial, se someten al Ejecutivo.

Confiado en la obediencia de las cámaras, a las que controla desde Palacio Nacional, no tiene recato en mostrarse autoritario y en desconocer aquellas instituciones que se han quedado solas en su intento desesperado por sobrevivir. En su lógica ya no tiene sentido seguir subsidiando la vigilancia del aparato público a través de los órganos autónomos; a éstos, como el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y la Comisión Reguladora de Energía (CRE), los acusa de ser una burocracia, “creados en el periodo neoliberal”. Esto muestra la furia de un presidente al que pocos se atreven a cuestionar, y los funcionarios fifís que él no eligió para acompañarlo en su gestión se han atrevido a desafiarlo, por ello expresa abiertamente que expondrá los “conflictos de interés” con toda la fuerza del Estado mexicano.

En estricto sentido, cuando se refiere a una estructura creada en tiempos neoliberales no miente; sin embargo, prácticamente todas las instituciones surgidas desde los gobiernos de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) caerían en esa crítica. Así que tendrían que sumarse a esta purga purificadora del inquilino del otrora Palacio Imperial dependencias como la Comisión Nacional del Agua (1989), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (2003), entre otras, mismas que responden al surgimiento en coyunturas que coincidentemente fueron gestadas durante el neoliberalismo, etapa satanizada por AMLO desde el momento mismo de asumir el poder el 1 de diciembre.

Sin el consenso del Senado, por otro lado, el presidente impuso, sin atender a las consultas y foros, la instalación de la Guardia Nacional, un híbrido de policía militar que al menos durante cinco años vigilará la actividad de la ciudadanía en todo el territorio nacional con el poder para someter, vigilar y ejercer de facto el control de la seguridad de la federación.

Con la seguridad de limpiar la corrupción de la clientelista política social, López abre otro frente contra las estancias infantiles y hasta el momento no muestra signos de echarse para atrás. A la decisión de entregar el recurso a las madres (800 pesos al mes) las protestas le hacen lo que el viento a Juárez y a todos los liberales del siglo XIX.

Así, AMLO ha perdido el pudor y parece que, para él, el fin justifica los medios. Adiós a las simulaciones, si se buscan cambios trascendentales, éstos se consolidarán sin el estorboso asunto de la negociación y el consenso de los grupos que se oponen a sus métodos. Diputados y senadores de su grupo parlamentario declaran su devoción por constituir un grupo legislativo del presidente de la República.

Los errores en las designaciones en el CONACyT, el malestar del Poder Judicial al “proponer” ternas a modo para sustituir magistrados con posturas a fines al proyecto de la 4T, así como cualquier revés que intente debilitar la presidencia con mayor aprobación popular de las últimas décadas, encuentra defensores dentro y fuera del poder que le permiten incluso acallar a esos conservadores que insisten en generar procesos más democráticos para discutir los grandes problemas nacionales.

AMLO no tiene contrapesos, el tsunami pejista dejó noqueada a la oposición y no se ve cuándo resucite para detener al mandamás y todopoderoso iluminado y moralista AMLO, evangelizador y sumo gobernante de una nación que mandó al diablo a los partidos y sigue confiando en que las promesas se cumplan; el bono democrático de un gobierno que en la mirada de otros sería una cuasidictadura sigue respaldado por la legitimidad de millones de seguidores, que ya no ven a AMLO como el político en el poder, sino como el mesías que todo lo puede.

Autor: Mario Ortiz Murillo

Maestro en Estudios Regionales, realizó estudios de Marketing político y gubernamental. Académico, periodista y sociólogo urbano; amante de los mejores y peores lugares de la Ciudad de México, a la que pensó que le venía mejor rebautizarla como Estado de Anáhuac que CDMX. Desertor de la burocracia convencido de la poderosa energía de la sociedad civil y marxista especializado en la corriente Groucho (Marx). De profundas raíces fronterizas chihuahuenses, se siente más juarense que Juan Gabriel, aunque ninguno de los dos haya nacido en la otrora Paso del Norte. A punto de doctorarse, le ha faltado tiempo (y motivación) para lograr el grado. Observador de la política nacional e internacional que siempre le resulta un espectáculo más divertido que la más sangrienta de las luchas de la Arena Coliseo. Entre los personajes que más ha respetado en la política se encuentran Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo, Valentín Campa, Carlos Castillo Peraza, Luis H. Álvarez, Olof Palme, Willy Brandt y Fidel Castro. Todavía sueña que en este país la izquierda merece una oportunidad para llegar a la Presidencia de la República; espera verlo antes de morir.



ARCHIVADO EN:
, ,



Right Menu Icon