Los independientes serán la llave de los inconformes

En las candidaturas independientes habrá perfiles genuinamente ciudadanos, claro, pero también puede haber exaspirantes, liderazgos locales molestos, grupos que no alcanzaron acuerdo y operadores que prefieran competir sin siglas antes que quedarse mirando la elección desde su casa.

En cada elección aparece la misma frase: “la gente ya está cansada de los partidos”. Casi siempre es cierto y a veces es una manera cómoda de explicar cosas más complicadas. Pero rumbo al 2027 en Hidalgo, con 84 ayuntamientos y 30 diputaciones locales en juego, las candidaturas independientes podrían tener un papel más interesante del que normalmente han tenido. No porque vayan a barrer con todos los partidos, sino porque pueden convertirse en una ruta alterna para quienes no encuentren espacio dentro de ellos.

 

El Movimiento Independiente del Sombrero (ese que inició en Michoacán y que obtuvo notoriedad nacional por el lamentable asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan), ya empezó a asomarse en Hidalgo con actividades en Pachuca para difundir sus propuestas, reunir simpatizantes e impulsar candidaturas independientes en distintos municipios. Todavía es pronto para medir su fuerza real, pero su aparición sirve para abrir una conversación que va más allá de ese movimiento en particular: ¿las candidaturas independientes serán una opción ciudadana o también se volverán refugio de perfiles políticos inconformes?

 

El asunto no es menor, incluso puede ser el coco de varios. En 2027 los partidos van a tener que repartir muchas candidaturas, pero no hay para todos. Morena tendrá sus propias disputas internas; sus aliados querrán cobrar espacios, ya lo hemos dicho aquí; la oposición intentará sobrevivir con perfiles competitivos; y los partidos medianos buscarán crecer como sea. En ese reparto prematuro, inevitablemente, habrá gente que se quede fuera. Algunos aceptarán con disciplina, otros negociarán y algunos cuantos, si les da tiempo, podrían encontrar en la vía independiente una manera de decir: está bien, nos vemos en la boleta.

 

Eso no vuelve ilegítima a una candidatura independiente. Al final, la ley permite esa ruta y quien cumpla requisitos tiene derecho a intentarlo. Pero sí obliga a verla con menos romanticismo. No todo independiente viene limpio de la política partidista ni todo partido es automáticamente impresentable. Habrá perfiles genuinamente ciudadanos, claro, pero, también, puede haber exaspirantes, liderazgos locales molestos, grupos que no alcanzaron acuerdo y operadores que prefieran competir sin siglas antes que quedarse mirando la elección desde su casa.

 

Y ahí es donde la figura puede mover el tablero. Un independiente fuerte, como puede pasar con algunos partidos, es capaz dividir una votación cerrada, castigar una mala candidatura partidista, jalar el voto del enojo o convertirse en el factor que decida quién gana, porque hay que recordar que en las elecciones municipales, muchas veces la gente vota por la persona antes que por el partido. Por eso, una candidatura independiente bien armada puede ser más peligrosa de lo que parece.

 

La independencia, entonces, no se va a probar sólo en la boleta. Se va a probar en el origen de cada candidatura, en quién la empuja, en qué intereses la rodean y, sobre todo, en qué tan ciudadana resulta cuando empiece la campaña. En 2027, más de una candidatura independiente podría nacer de la inconformidad social, pero otras tantas lo harán de una aspiración partidista que nunca llegó. Quizá ahí esté lo que puede mover todo: no el discurso contra los partidos, sino los políticos que se queden sin partido justo cuando más puedan competir.






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