Mi viejo lindo

Cómo desearía ser como tú, encontrar en la naturaleza la belleza de la vida y la alegría por vivir, tener tus manos de artesano y tu mente de genio.

Viejo lindo, no hay día de mi vida que no se agolpe tu imagen de hombre bueno en mis ojos de soledad; anclado en tu recuerdo, agradezco a tus manos que nunca renunciaron al trabajo que puso comida en la mesa y casa para el abrigo, protección y cariño.

Siempre con bondad en la mirada de tus ojos de niño que acompañaba a la palabra dulce, al gesto de amor que me acompañó al colegio y me esperaba en las tardes, lo mismo de invierno que de verano, lo mismo con la pelota que el volantín en un parque.

La vida transcurre y de niño a hombre no siempre me detuve en el camino, y cuando tus palabras faltaron conocí la soledad, entendí que tu fortaleza era mi fortaleza, pero tu ausencia marcó el sigilo de mi espíritu, condensó tu ejemplo de héroe de mil batallas donde siempre triunfaste.

Llevo en mi figura tus gestos y algunas de tus risas, pero ya no está el brillo de tu mente cierta, se ha ido la luz de tus ojos de niño y ya no concibo la vida como antes, se ha oscurecido, es eterna y sigilosa, se ha perdido la claridad que me obsequiabas y la ternura de tus caricias.

El tiempo ha perdido sentido, transcurre al garete, ya no está el capitán de todos los chilenos, aquel que me dio la vida, aquel hombre que podía resolverlo todo, que nunca me abandonó, que estaba dispuesto a dar su vida por mí; ese hombre cuya sencillez hizo de la vida un barco de papel.

Querido viejo lindo, cómo desearía ser como tú, encontrar en la naturaleza la belleza de la vida y la alegría por vivir, tener tus manos de artesano y tu mente de genio, pensar con la bondad de tus ideas para ver al mundo desde las olas del mar, para sentir con bondad la amistad y la sinceridad del porvenir.

Mis palabras suenan vacías, no te describen ni te tocan, ya no lo harán más. He perdido la brújula y el camino y en cada despertar tu imagen vuelve inmensa la soledad, parece advertir un viaje sin retorno que solo entraña nostalgia y hastío, ese camino donde no hay tranvía y vino tinto.

Ya no puedo entender la vida sin ti, no tengo la verdad de tus palabras, lo claro se volvió oscuro y la noche me amenaza, ni mis pasos tienen firmeza ni la verdad me alcanza.

Viejo lindo, me haces falta.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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