Pinocho mexicano

Guillermo del Toro presenta a un Pinocho rebelde, así como a un Gepetto que perdió a su hijo en la guerra.

Pinocho, el célebre cuento de Carlo Collodi (pseudónimo de Carlo Lorenzini) escrito en 1882, ha sido llevado a la pantalla grande en diversas ocasiones. Alcanzó gran popularidad en la versión animada de Walt Disney, dirigida por Norman Ferguson en 1940, y luego ha tenido innumerables versiones, como la de Michael Anderson, con Martin Landau, e incluso un musical de Alejandro Malowicki en 1986; además de la de Mateo Garrone, con el insoportable Roberto Benigni, y una reciente de Robert Zemeckis, con Tom Hanks, que pasó desapercibida.

A pesar de todas las versiones de la historia, nunca se había hecho una en stop motion como la del mexicano Guillermo del Toro, que se estrenó en la Cineteca Nacional, con llenos en todas sus funciones, y se exhibe en la plataforma Netflix.

El guion, adaptado por el propio realizador y Patrick McHale, deja de lado las ñoñerías disneyanas y convierte a Gepetto (David Bradley) en un hombre amargado, que ha perdido a su pequeño hijo en la Primera Guerra Mundial, y el asunto toma conciencia política con el ascenso del fascista Benito Mussolini, recordando El laberinto del fauno. 

Por su parte, Pinocho (Gregory Mann) es un chico rebelde, que se convierte en el candidato perfecto para ser soldado, pues no puede morir, pese a los buenos consejos del grillo (Ewan McGregor).

Del Toro permanece fiel a sus monstruos y seres fantásticos, incluyendo al ambicioso conde Volpe (Christoph Waltz) y a la muerte (Tilda Swinton).

Pinocho es, pues, un portento de stop motion que será del agrado de chicos y grandes.

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Por: Jorge Carrasco V.

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.


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