¿Por qué tanto interés en liberar a Cipriano Charrez?

Charrez les hace falta libre para mover el Valle del Mezquital y organizar plantones y manifestaciones para tratar de dañar la imagen del gobernador Omar Fayad.

Llama la atención el interés de Morena a través de sus aliados e impulsores de la 4T: DIPUTADO GERARDO FERNÁNDEZ NOROÑA, SENADORA NESTORA  SALGADO GARCÍA y DIPUTADO PEDRO CARRIZALES “el Mijis”, que han llegado hasta el Cereso de Pachuca para exigir que lo dejen libre para seguir su proceso en libertad porque, afirman, que CHARREZ es un preso político con un delito inventado y, por lo mismo, preso injustamente, aunque la senadora parece que ni idea tenía del caso pues confundió el caso del accidente automovilístico con un caso de huachicol.

Ante tanta insistencia de que lo dejen libre y hablar de que es un preso político, cuando los datos que se tienen lo ubican como un delincuente, surge la pregunta ¿por qué lo quieren libre?

No hay que olvidar que estamos ya en tiempos de la lucha por la gubernatura y que Morena dijo que va por el cuarto piso de Palacio de Gobierno.

Y es aquí donde encaja todo.

Lo quieren libre para que mueva el Valle del Mezquital en todos sus municipios y donde tenga influencia y, de ese modo, asegurar buena votación el primer  domingo de junio del 2022, cuando se elige gobernador.

Para eso lo quieren.

Es parte de su estrategia que ya se nota con la presencia de gente como Francisco Xavier en el Congreso, cuyo único objetivo va a ser enlodar la administración de Fayad, a quien más le temen y quieren bajar su imagen.

A Charrez lo quieren libre, no por un deseo de justicia, sino para que haga lo que sabe hacer que es agitar a la gente y hacer manifestaciones, que como los de Xuchitlán, de San Salvador, movidos por ARMANDO AZPEITIA, provoquen reacciones que luego les den argumentos para denunciar represión.

Lo quieren para la grilla y se luzca con plantones y reclamos, con sus seguidores acostumbrados, por él, a la buena paga.

¿Preso político? Sí, cómo no.

Autor: Adalberto Peralta Sánchez

Nací el 11 de mayo de 1946 en un pueblito que tiene una laguna con patos y un parque con bancas con el nombre grabado del donante. Una de esas bancas tiene el nombre de mi padre. Estudié Filosofía y ejerzo el periodismo desde hace varios años. Colaborar con mi hijo en EFFETÁ me llena de orgullo. Trataré de hacerlo bien.


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