Se les dijo… pero necios

MORENA, A LA DERIVA. Los morenos auténticos todavía pueden rescatar un poco de su dignidad, siempre y cuando se desmarquen del Grupo Universidad, que ya dejó muy claro a quién sirve. Si no lo hacen, les espera un negro futuro.

Los morenos estaban advertidos de que los diputados de Sosa no son de ese partido, que las propuestas de Morena y del presidente López Obrador ni les importan ni les comprometen, porque ellos tienen su propio jefe, que es el licenciado Gerardo Sosa, y esa lealtad no les permite ver otro camino que no sea el vuelo de la garza.

El trato humillante que les dan a los diputados que sí son morenos, a quienes sólo usan de relleno para sus movidas, el manejo denigrante para que se sumen a sus abusos, dicen que con la promesa de apoyar sus ambiciones políticas, sobre todo en este momento para ser alcaldes, había creado ya un ambiente de fricción y rechazo a la garza abusiva.

Los desfiguros, abusos y trato despótico de su todavía coordinador Ricardo Baptista, la función de ópera de Corina Martínez, así como las lágrimas de cocodrilo de la declarada abiertamente sosista Roxana Montealegre, sin olvidar los desplantes porriles de Jorge Mayorga, a quien sólo le faltaron los guantes o los chacos en la tribuna contra el panista Asael Hernández y la infinita sabiduría del maestro filósofo Rafael Garnica, les decían a gritos a los dueños de Morena en manos de quiénes habían caído. Pero necios, o sonsos, no reaccionaron.

Los morenos de verdad quisieron nadar de a muertito y montados en las alas de la garza volar hasta el cielo. Y como dijo el maestro Mario Moreno Cantinflas: “Ahí está el detalle”, porque apenas hace unos días en la votación del aborto las garzas mostraron abiertamente picos y garras y a todo mundo le gritaron que ellos no son de Morena ni apoyan a Obrador, que sólo obedecen a su patrón y lo demás les vale un cacahuate navideño.

De acuerdo con El Mijis (diputado de Morena que vino a la votación para recordarles a los morenos el compromiso de partido con esa causa), Ricardo Baptista dijo, palabras más palabras menos, que no iban a dar su voto aprobatorio porque se acercaban las elecciones. Así de claro.

No es que les interesara la suerte de las mujeres o que su voto se debiera a una real convicción ni a sus valores espirituales, lo que los movió a votar en contra de la despenalización del aborto fue la elección que viene. Seguramente hicieron cuentas y perderían votos con sus candidatos si se pronunciaban a favor.

Si su voto hubiera sido por convicción, se habrían ganado el respeto de todos, pero haberlo hecho por ganar votos los retrata como miserables y gente sin principios, dispuestos a sacrificar todo por el poder.

Dicen los de Morena que ya estuvo bueno y que van por la cabeza de las garzas para ponerlos fuera por traidores, porque los de Sosa caminan por su lado y persiguen intereses muy lejanos a los que marca el partido como compromisos con la ciudadanía.

Parece que lo que llenó el vaso de su paciencia fue lo que Baptista le dijo al Mijis, pues dejaron claro que las propuestas del partido les valen y debajo de su disfraz de piel morena tienen plumas de garza.

Morena en su diputación está hecho pedazos, dividido y confrontado en dos bandos muy claros: el Grupo Universidad y los auténticos de Morena, quienes aún tienen oportunidad de sacudirse a las garzas.

De hecho, los sosistas han fallado a una de las máximas de López Obrador de NO ROBAR, al adjudicarse de manera abusiva el presupuesto para la universidad de su jefe y apropiarse de dinero público para sus movidas electorales. AMLO dice NO MENTIR y estos han hecho de la mentira una práctica que quedó de manifiesto hace unos días; pide NO TRAICIONAR y es lo que hicieron al votar contra la Interrupción Legal del Embarazo (ILE).

Los morenos de verdad tienen la oportunidad de rescatar su dignidad si toman lo que es suyo, o de perder lo poco que les queda si les tiembla la mano y, como han hecho, doblan las manos y pasan a la historia como timoratos y mediocres. Veremos qué pasa.

Autor: Adalberto Peralta Sánchez

Nací el 11 de mayo de 1946 en un pueblito que tiene una laguna con patos y un parque con bancas con el nombre grabado del donante. Una de esas bancas tiene el nombre de mi padre. Estudié Filosofía y ejerzo el periodismo desde hace varios años. Colaborar con mi hijo en EFFETÁ me llena de orgullo. Trataré de hacerlo bien.


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