Sexo y política

CERO INOCENCIA. La relación entre el sexo y la política puede alcanzar horizontes insospechados para cualquier mortal, pero se hacen buenas fiestas, y de eso no hay duda.

El sexo y la política mantienen una intrincada relación en nuestros días, donde los excesos, abusos y escándalos se multiplican sin límites en casi todos los países del orbe.

El mundo de la política no se percibe como la esfera que le permite a la sociedad acceder a mejores oportunidades de vida, por el contrario, es el uso del Estado para beneficios de elites públicas y particulares que hacen del gobierno el instrumento de sus apetitos y riquezas, sin que exista nada que lo pueda frenar.

Les entrego en esta emisión el trazo de la estructura de los usos sexuales en la política.

  1. El acoso directo. En este escenario la cadena de servidores subalternos se ve presa de transigir con servicios o favores sexuales por la presión del empleo y las expectativas de crecimiento en él mismo. Si eres mujer, te convierten en amante, salvo raras excepciones donde el físico y el intelecto te acompañe, pero la mayor parte de las veces eres moneda de cambio, pasas de jefe en jefe y de compañero en compañero para dar a conocer tu currículum: posiciones en que te cogen y las cuestiones bizarras, como orgías y favores, donde te vuelves objeto de cambio e intercambio, incluso, para que el político obtenga un favor no sexual a nivel público o privado.
  2. El regalo de pastel. Es el encargo de un caca grande para que su subordinado le entregue mujeres y hombres, mixtura de la bacanal donde el festín orgiástico se hace en un recinto seguro, casa, sepa, rancho o hacienda, donde casi siempre todo inicia con una estela heterosexual porque existen máscaras primarias que cubrir, pero una vez que corren el alcohol, marihuana y coca, el rumbo cambia y aparecen la homosexualidad desenfrenada y sus rituales.

En este escenario, el ritual lleva al desenfreno y frenesí, se intercambian papeles y el macho se vuelve hembra y viceversa, se utilizan dildos y objetos de placer, además de vestidos y conversaciones ad doc.; el desenfreno termina en arrebatos violentos porque los personajes que mandan han quedado expuestos, por lo que requieren aplicar represión y control de la información y su secrecía, la cual, invariablemente se rompe.

III.                La perversión de las putas. Se trata de un sitio común, llano y liso, donde se contratan sexoservidoras que lo mismo atienden en los privados de las oficinas públicas que en las casas de perversión; suelen ser mujeres, pero también existen travestis y homosexuales, los cuales pueden crear ritos donde el político es el fornicado, creando un escenario de dominación de abajo hacia arriba, porque la sexualidad de clóset requiere experimentar el sometimiento como placer, pero si ese sometimiento es el que le gusta al político, lo que deviene es un rol escondido que se afirma.

  1.             La jaula de las locas. Es común la homosexualidad entre los políticos, tal como lo es en cualquier esfera social, pero en el caso de ellos trasciende en dos niveles:  a) en la perversión del placer sexual sólo como rebatinga de lo que no se puede mostrar, es decir, el político o la política aparentan heterosexualidad, pero salen del clóset constantemente para divertirse en su ámbito de preferencia; b) en la relación afectiva oculta donde existe amor homosexual o lésbico, pero que se guarda en la intimidad, aquí la relación adquiere un matiz de poder inusitado.
  2. La represión del opresor. No todos los políticos salen del clóset, ya sean hombres o mujeres, aquí la conducta suele darse con “amantes de seguridad”, aquellos que son servidores públicos de clóset, o bien, con amantes o prostitutas y prostitutos que guardan sigilo por conveniencia económica y por el peso de la amenaza tácita de la represalia. En este caso la violencia es mayúscula, porque lo que se juega es la secrecía de la imagen, y las paredes no oyen.
  3. La ruleta rusa. Este es un mercado de intercambio sexual donde un político le envía a otro sus sexoservidores o amantes; existe un lazo de lealtad y fraternidad entre el poder, el intercambio, inclusive puede contener la favorita o el favorito del político, por lo que se está sellando un pacto de “sangre”, consolidando así la amistad y, además, la secrecía un valor expreso.

La ruleta rusa es una práctica de círculos de mando, por razones obvias, pero es comúnmente llevada a cabo, como ha ocurrido en la Casa Blanca y el Kremlin.

VII.            La zona cero. Aquí la perversión es de otra magnitud, suele encallar en estelas pederastas y de mezclas infinitas donde niños y adultos intercambian sexo. El escenario puede sólo estar integrado por niños, pero pueden también existir prostitutos adultos, cosa nada extraña; en el caso de los niños, aprenden a guardar el secreto a cambio no sólo de favores económicos, sino de peculio para sus familias, inclusive para conseguir trabajo para sus familiares.

VIII.          El sexo entre pares. Esta es la práctica más común, pero aquí me refiero sólo entre personajes similares de poder público, no con subalternos; en este caso puede ser heterosexual y homosexual y utilizar tanto prostitutas como prostitutos de acompañantes, e inclusive niños. Esta es una práctica difundida en Italia y Rusia, también experimentada en repúblicas musulmanas, pero menos estudiada.

Estas son las estelas del uso del sexo en la política, lo cual no implica que no existan políticos y políticas fuera de esta realidad.

Consultoría Política y contacto público: [email protected]

Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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