¿Si lo hago distinto me sale igual?

Aunque las nuevas tecnologías abren un mundo de posibilidades, las infancias deben seguir explorando el mundo y jugando como antes, como cuando una tableta no era el mejor regalo que podían pedir.

Cuando fui profesor me resistí a hacer las cosas igual que el resto de mis colegas; percibí que la comodidad de sus prácticas solo ocasionaba anquilosamiento mental.

Me maravilla percibir cómo los niños con sus tabletas electrónicas exploran sin timidez el mundo digital como si se tratara de un juego inacabado, tal como lo hacen los niños del planeta que no tienen tabletas. ¿Cuál es la diferencia entre los niños con la tableta con los que no poseen una?

El niño que tiene la tableta imagina menos y puede crear menos, porque el mundo se direcciona de acuerdo a quien crea el contenido como un factor externo a la exploración cognitiva, dejando menos espacio para la profundidad mental y para activar la imaginación activa, lo cual uniforma. Por ello, no todo niño que tiene una tableta termina siendo un programador de informática y tampoco transforma el mundo desde la informática y su visión digital.

El niño que no tiene una tableta imagina más, juega más, no tiene su mente a expensas de los apetitos del mercado; al mirar el sol y sentir el viento sobre su piel, pueden convertirse en Neruda, Wilde o Zaratustra de Nietzsche. Más aún, la imaginación se incrementa cuando el laberinto paterno no resuelve todas las dudas del niño, cuando los padres se convierten en ocasiones en hijos y juegan como niños sin tabletas digitales.

Debemos reeducar al mundo digital para que su presencia no impida imaginar, para que imaginar sea crear y no caminar por un metaverso.

Me negué a ser un profesor como los demás porque jamás abandoné mis juegos y mi pelota, seguí siendo el niño explorador, pero no con el uniforme mental del boy scout; era el explorador que le arrancó las patas a las lagartijas, que imaginó que un paraguas era un paracaídas, que se resistió a apagar la luz de su habitación por orden de sus padres, que se salió de la sinagoga para entender a los gentiles.

Si construimos un mundo uniforme, todo será uniforme al estilo del antisemitismo nazi, sin dejar a la imaginación la revolución de las ideas de los niños sin tabletas digitales, como Einstein con su pelota de trapo.

 

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.