Sin partidos no hay paraíso

Existe un fenómeno que en términos muy refinados se conoce como “transfuguismo”, que en palabras más sencillas no es más que el chapulineo, ese salto de candidatos de un partido a otro sin más argumento o interés que el poder por el poder.

El Estado no existe, son los partidos. Así lo ha demostrado la historia política de nuestro país. La tradición partidista nacional es un ejemplo de que las lealtades a los partidos son más fuertes que las que se tienen a la nación y sus habitantes. Sin embargo, durante los últimos años se ha identificado una interesante práctica que deja en claro la fragilidad interna de los partidos y los peligros que eso representa para la vida electoral. 

Existe un fenómeno que en términos muy refinados se conoce como “transfuguismo“, que en palabras más sencillas no es más que el chapulineo, ese salto de candidatos de un partido a otro sin más argumento o interés que el poder por el poder. Las coaliciones son la muestra más clara de este fenómeno, muy común en la región y en América Latina. 

El reciente nombramiento de Carolina Viggiano, una de las caras del priísmo estatal y nacional, como precandidata para el gobierno del estado por la coalición Va por Hidalgo, formada por (nada más ni nada menos) el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), ha generado confusiones y mucho ruido en la política del estado. 

El gobernador Omar Fayad no escatimó en hacer declaraciones sobre su descontento y las opiniones de diversos líderes partidistas no se hicieron esperar. Se habló de traiciones, deslealtades, de haber entregado el estado a ciertos partidos, de no abanderar la tradición partidista, entre miles de etcéteras que ha tenido muy entretenida a la opinión pública.  

De entre todo este ruido, lo único que ha quedado claro es que la lucha por el poder para la gubernatura de Hidalgo en el 2022 será caótica y descontrolada. Las instituciones, como siempre, se mantendrán al margen en sus esfuerzos para garantizar una supuesta imparcialidad en las elecciones y la ciudadanía será la gran espectadora de todo este montaje que terminará con un candidato “electo” que habrá de marcar el rumbo de nuestro estado para los próximos años.  


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