La tarifa sube, ¿y el servicio?

No se puede pedir que el usuario comprenda el aumento mientras debe resignarse a recibir prácticamente lo mismo por más dinero. Si el taxi quiere conservar un espacio protegido, debe demostrar por qué vale la pena mantenerlo así.

El aumento de cualquier tarifa pública siempre incomoda, y con razón, pero tampoco tendría sentido fingir que operar un taxi cuesta hoy lo mismo que hace años, porque prácticamente todo lo relacionado con un automóvil se ha encarecido. El asunto surge porque la Secretaría de Movilidad anunció un incremento de alrededor del 20 por ciento en Pachuca y Mineral de la Reforma, por lo que el banderazo de los taxis pasará de 38 a 45 pesos y el kilómetro adicional, de tres a cuatro. Visto únicamente desde las cuentas del negocio, existen motivos muy razonables para actualizarlo.

El problema no está necesariamente en el aumento, sino en lo que termina recibiendo el usuario al subirse al taxi, porque una tarifa nueva razonablemente debería venir acompañada de un servicio nuevo o, al menos, mejor. La propia autoridad estatal promete cambios importantes derivados del anuncio, como taxímetros por fin funcionales, eliminación de polarizados e inspecciones vehiculares y bueno, bienvenido todo eso, pero el detalle es que, al parecer, primero llegará el aumento y después la mejora. ¡Joya!

Y aquí el gremio también debe corresponsabilizarse. Durante años, los taxistas han defendido su actividad frente a cualquier posibilidad de competencia externa, como Uber o Didi, por lo que ahora que consiguieron una actualización tarifaria, lo lógico es comprometerse también con una mayor calidad en el servicio. No se puede pedir que el usuario comprenda el aumento mientras debe resignarse a recibir prácticamente lo mismo por más dinero. Si el taxi quiere conservar un espacio protegido, debe demostrar por qué vale la pena mantenerlo así.

Mientras tanto, la zona metropolitana de Pachuca sigue teniendo pendiente algo que prácticamente todas las ciudades modernas ya enfrentaron, que es la llegada de las plataformas digitales de transporte. Apenas este año, el Congreso comenzó a plantear públicamente la posibilidad de modificar la ley para permitir servicios como Uber o Didi, precisamente a partir de las deficiencias señaladas en el transporte concesionado. No se trata de desaparecer a los taxis ni de presentar a las plataformas como una solución mágica, que por sí solas no lo son, sino de discutir cuánto tiempo puede sostenerse un mercado con poca competencia mientras se pide al ciudadano pagar cada vez más.

La Secretaría tendrá que vigilar, los taxistas mejorar y la ciudadanía dejar de considerar normales prácticas que nunca debieron serlo. El aumento puede ser razonable y, aun así, exigir resultados. De hecho, precisamente porque ahora se cobrará más, debería haber menos excusas para seguir haciendo lo mismo.