Una digna muerte

La familia de André se enfrenta al deseo de este: someterse a un suicidio asistido.

Una de las cintas polémicas de la LXXII Muestra Internacional de Cine es Todo saldrá bien, cuarto filme del realizador francés Francois Ozon, que se exhibe actualmente en la Cineteca Nacional. Basado en una historia de Emmanuele Bernheim, se trata de un riguroso análisis acerca de la muerte asistida.

El octogenario tratante de arte André (un espléndido André Dussolier) sufre un derrame cerebral que lo deja bastante maltrecho, pese a que su esposa oportunista, la escultora Claude de Soria (Charlotte Rampling), dice que “no está tan mal”. Es entonces que el homosexual le pide a su hija mayor, Emmanuele (Sophie Marceau), que lo ayude a “tener una muerte digna”. Ella se niega en un principio, pues los doctores le explican que es normal que un paciente se deprima después de una apoplejía, pero André se muestra implacable: “vivir dependiendo de los demás es algo insoportable”. 

El realizador se pregunta si no se trata de oportunismo, como el del amante Gerard (Gregory Gadebois), o de un amor egoísta, como el de su otra hija, Pascale (Geraldine Pailhas), que se niegan a complacerlo.

Permitido por las autoridades suizas, el suicidio asistido que ofrece Hanna Schygulla resulta bastante caro –diez mil euros–. “¿Y los pobres?”, pregunta André. “Esos tienen que esperar a morirse ellos mismos”, le responde Emmanuele.

Tout s’est bien passé resulta ser un tema polémico desde el punto de vista religioso o civil, pero que está vigente por los recientes casos de Jean Luc Godard y Alain Delon.    

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Por: Jorge Carrasco V.

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.


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