Las notas internacionales y análisis de occidente se vuelcan sobre México, mis únicos y queridos lectores; en ese epicentro, tanto el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum como los gobiernos estatales se encuentran siendo analizados a través de los logros y vacíos de la izquierda en México.
Lo mismo en Francia que en España, en Alemania que en Inglaterra, se analiza el ascenso del brote fascista de la derecha en México que, en la consolidación de sus grupos de choque político, pretenden desestabilizar la marcha de los gobiernos morenistas en México.
Quiero, sucintamente, esclarecer lo que han publicado las notas y análisis internacionales que rebasan a la prensa y medios de la derecha en México, para situar la complejidad política que vive el país.
En primer término, es perceptible para el análisis científico de la política y sus grupos de poder en México que la lucha entre izquierda y derecha no es un asunto plenamente empapado en la ciudadanía que, por décadas, se ha mantenido sin mayor instrucción ni preparación política; por lo que el choque político se constriñe, entre derecha e izquierda, tratando de ponderar la funcionalidad del gobierno.
La derecha como la del PRI señala: “los priistas no somos perfectos, pero sabemos gobernar y damos resultados”; lo que este eslogan que cacarea Alejandro Alito Moreno no dice en las pruebas empíricas, es decir, de la realidad, que los priistas saben gobernar para garantizar la riqueza de las élites del país y dan resultados en el “control” del pueblo.
Hidalgo es la prueba empírica de que los priistas saben gobernar para las élites; es uno de los estados más pobres y asimétricos de la nación.
En esta realidad, ¿cómo explica el PRI y, desde luego, el PAN su estrepitosa derrota ante la izquierda, si la izquierda como señalan es un fracaso?
La respuesta está en Hidalgo.
Hidalgo fue cooptado por una clase política priista que por décadas mantuvo un sistema opresivo y clientelista que, con migajas, garantizaba la riqueza de sus grupos de poder, al grado que estelas como la Estafa Siniestra constituyen una herida social sin precedentes o, al menos, los precedentes se ocultaron a sangre, fuego y reparto de gorras, camisetas, tortas y unos cuantos pesos, cada tres y seis años.
Los caciques en Hidalgo son otro boleto.
El caciquismo se encargó de amedrentar en pro del PRIAN, en Hidalgo las estelas de una opresión que lo mismo cuidó el control político que sumió en la miseria a los pueblos originarios, campesinos y obreros.
Hoy, que por vez primera en Hidalgo percibimos un trabajo modesto y solidario como el efectuado por el gobernador Julio Menchaca, cuyo capital político se cuece a parte del resto de las estructuras de gobierno, incluido su partido, es menester señalar que los gobiernos morenistas, con todo y sus zonas de vacío, han generado un mayor equilibrio en los números sociales como el combate a la pobreza y desigualdad social, en el ascenso de pensiones a adultos mayores y en el desarrollo de un modelo político-económico superior a lo planteado en los gobiernos del PRIAN.
Empero, debido a los logros -insuficientes todavía, pero notorios- del gobierno de Claudia Sheinbaum y de Julio Menchaca en Hidalgo, que ejemplifica que sí existe pericia administrativa gubernamental, han generado la respuesta airada del PRIAN y las élites económicas que están impulsando la violencia de sus grupos de choque político.
La revocación de mandato en Hidalgo es una estela y capítulo abierto de las muestras fascistoides del PRIAN e, incluso, de los advenedizos de Izquierda Unida, que intentan retrotraer la historia donde ese PRI y PAN sabían gobernar para sus élites, mientras el pueblo se cagaba de hambre y desolación.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





