97 años del PRI… y caben en una combi

El principal problema del PRI de hoy no es electoral ni histórico. El verdadero problema es que el partido no termina de darse cuenta de todo lo que ya no es. Esa es su gran tragedia: durante décadas supo administrar el poder, pero nunca aprendió a vivir sin él.

El 4 de marzo, el PRI cumplió 97 años. Noventa y siete. Casi un siglo desde que nació como el partido que organizó el poder después de la Revolución. Durante décadas no fue sólo un partido: fue el sistema político completo. Gobernó México, diseñó instituciones, controló congresos, estados, municipios, sindicatos, medios y elecciones. Fue el partido de la gloria única, aquel que todo lo podía.

 

Pero el tiempo no pasa en vano, ni siquiera para los partidos que alguna vez parecieron eternos. Hoy, el PRI es apenas la sombra de lo que fue. De aquel aparato político que dominaba el país poco queda. Tan poco que Joaquín López-Dóriga dijo en estos días que los senadores del PRI, que son 13, caben en una combi y que los diputados federales que suman 37, caben en un camión escolar y sobran lugares y si a eso le sumamos las diputaciones locales en Hidalgo, mejor ni hablamos, porque son dos y son pluris.

 

El principal problema del PRI de hoy no es electoral ni histórico. El verdadero problema es que el partido no termina de darse cuenta de todo lo que ya no es. Y por si eso no fuera poco, aquel PRI omnipotente del pasado carga ahora con dos grandes lastres: Alito y la paradoja de su propia historia. Porque si bien fue responsable de construir buena parte del Estado mexicano moderno, también lo fue del autoritarismo, de la corrupción y de las prácticas políticas que terminaron provocando su propio derrumbe. Esa es su gran tragedia: durante décadas supo administrar el poder, pero nunca aprendió a vivir sin él.

 

Hoy, el priismo vuelve a hablar de renovación, de reconstrucción y de reconectar con la ciudadanía. El discurso suena conocido porque lo hemos escuchado demasiadas veces en los últimos años. Cada aniversario llega con las mismas promesas, aunque la realidad cuente otra historia. Y en medio de todo aparece Alejandro “Alito” Moreno, convertido más en el problema que en la solución de un partido que todavía no entiende cómo pasó de dominar el país a pelear por sobrevivir.

 

Mientras tanto, el tiempo sigue pasando y cada aniversario parece encontrar al PRI más débil, más solo y mucho más lejos de aquel lugar central que ocupó en la política mexicana durante gran parte del siglo XX.

 

Noventa y siete años no son poca cosa para ninguna organización política. Pero los aniversarios también sirven para hacer balances, en este caso muy incómodos. Por eso con el PRI la pregunta inevitable no es cuántos años cumple, sino exactamente ¿qué habrán celebrado?

 






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