Hidalgo empieza a moverse

El Polo de Desarrollo en Zapotlán aparece como una apuesta estratégica para Hidalgo. No se trata solamente de habilitar tierra para empresas, sino de aprovechar una ubicación clave conectada con carreteras, el AIFA y la futura conexión de tren México-Pachuca.

Durante años hemos cargado con una frase algo incómoda: Hidalgo tiene ubicación, tierra, cercanía con la Ciudad de México, conectividad y mano de obra, pero realmente no terminaba de despegar económicamente. Un estado con ventajas evidentes era visto más como paso o periferia que como un destino real de inversión. Por eso, el momento actual merece ser observado con seriedad, porque algo se está moviendo en la economía hidalguense.

 

Las cifras no son menores. De acuerdo con lo informado por la Secretaría de Desarrollo Económico, la entidad acumula más de 125 mil millones de pesos en inversión privada durante la actual administración, con más de 163 mil empleos directos e indirectos y alrededor de 120 proyectos empresariales consolidados. Además, se ha señalado que una parte importante de esas inversiones ya se encuentra en operación, mientras otras avanzan en su construcción. El asunto no es poca cosa para un estado que durante mucho tiempo parecía mirar pasar las grandes oportunidades.

 

Desde luego, el crecimiento económico no se mide únicamente por la llegada de empresas conocidas ni por anuncios que suenan bien en las conferencias de prensa de los lunes. El hecho de que se hable de una posible tienda Costco en Pachuca, del fortalecimiento de parques industriales o de nuevos proyectos privados puede generar expectativa social, pero el verdadero valor está en lo que eso detona alrededor: empleos, proveedores locales, infraestructura, servicios, movilidad, vivienda, capacitación y mejores condiciones para competir contra monstruos como Querétaro o Nuevo León. No olvidemos que la inversión sólo importa cuando la gente la siente en su vida diaria.

 

En ese contexto, el Polo de Desarrollo en Zapotlán aparece como una apuesta estratégica. No se trata solamente de habilitar tierra para empresas, sino de aprovechar una ubicación clave conectada con carreteras, el AIFA y la futura conexión de tren México-Pachuca. Si el proyecto logra consolidarse en sectores como logística, tecnología, centros de datos, industria aeroespacial o manufactura avanzada, Hidalgo podría pasar por fin de ser vecino de los grandes corredores económicos a convertirse en parte activa de ellos. Esa es una diferencia enorme.

 

También pesa la designación de Hidalgo como invitado de honor en la Feria Aeroespacial México 2027. Más allá del evento, la señal política y económica es que el estado busca sentarse en una mesa de mayor valor agregado, donde ya no sólo se hable de comercio o industria tradicional, sino de innovación, proveeduría especializada, manufactura aeroespacial y alianzas internacionales. Eso puede abrir una ventana importante para universidades, jóvenes profesionistas, empresas locales y cadenas productivas que necesitan oportunidades para crecer.

 

Cuando el sector privado decide apostar en un territorio que ve fértil y un gobierno genera condiciones, algo puede cambiar. Pero la responsabilidad apenas empieza: las inversiones deberán traducirse en empleos bien pagados, desarrollo regional y urbano bien equilibrado y oportunidades reales para la gente. Hidalgo empieza a moverse, y eso debe reconocerse de manera objetiva; ahora el desafío será que ese movimiento no se quede en anuncios, sino que por fin se convierta en futuro.






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