Mis únicos y queridos lectores, la chiquillada de partidos satélites no encuentra la fórmula para tratar que su pervivencia política sea menos tortuosa de lo que es y, en los entretelones de esa política mañosa, se asoman las luces de una derrota anticipada en Hidalgo.
Para ubicar a la clase política de lo que se tendría que estar hablando en estos momentos, es de la consolidación que está llevando a cabo el ciudadano gobernador Julio Menchaca Salazar en torno al proyecto político, donde ciudadanía y gobierno se encuentran edificando el porvenir de un Hidalgo que jamás tuvo la transformación gubernamental que vive y que ha elevado la conciencia de ese pueblo que se suma a la voluntad política del proyecto de la 4T.
Empero, la partidocracia de ese antiguo régimen prefiere echar las campanas al vuelo electoral, cuando tendría que estar sumando esfuerzos a la reorientación económica, política, educativa y cultural de las y los hidalguenses que han sufrido, lo mismo desde la vaguada monzónica y el luto de familias y damnificados, que la regionalización de las tareas agrícolas, así como la consolidación de la infraestructura que genere oportunidades de desarrollo social.
El extravío político es de tal magnitud que, ahora resulta, las huestes del PT/GU se encuentran sondeando el escarceo de unirse en alianza a Morena y, ello, debido a que a posteriori, aún recuerdan cuando el Congreso local les pertenecía y eran juez y parte; condición y escenario lejano que, como Chabelo, no habrá de regresar.
Por si fuera poco, ahora resulta que tenemos desayunos entre dirigentes del partido naranja y del sol azteca, en la misma tesitura somnolienta de intentar enroques políticos imposibles, al grado que terminan despidiéndose con los rostros que reflejan la ironía del perdedor que al igual que al perro de tía Cleta, le rompieron el hocico.
En estos escenarios confusos y de extravío político, mis únicos y queridos lectores, lo que no debe desviar la atención de las y los hidalguenses es el hecho de que la administración del ciudadano gobernador, Julio Menchaca Salazar, está consolidando los frutos de una administración de vanguardia política, integrando desde las Rutas de la Transformación y el Plan Estatal de Desarrollo, los programas sociales que, por vez primera, se construyen con y para el pueblo.
Ese es el escenario que debería estar en el trabajo y aliento de la clase política de Hidalgo, y no el desvelo y suspiros de contiendas electorales, de las cuales la chiquillada partidista sólo será comparsa de charro; porque lo que aqueja a la ciudadanía y que está siendo atendido por el gobierno de alternancia política ya edificó el porvenir político de Morena y su hegemonía.
La clase política no puede extraviarse y caer en la torpeza de adelantar tiempos y movimientos electorales, ese no es el camino cierto y ya les ha pasado factura, porque las y los ciudadanos advierten que el desfile de los buitres y los carroñeros no es el sendero de realizaciones que requiere el pueblo.
El análisis crítico es agudo, la chiquillada partidista y su clase política ha perdido la brújula, no percibe que el piso firme de la administración de alternancia de Julio Menchaca se encuentra en que ha sido un gobierno de proximidad ciudadana que ha hecho suyo el sentir y el sufrimiento que por décadas le infringieron los gobiernos del antiguo régimen, donde sus funcionarios engordaban en los escritorios mientras el pueblo se moría de hambre.
En la ironía política de Hidalgo, la chiquillada del antiguo régimen hoy sufre los estragos de la corrupción que generó y que capitalizó arduamente en el desdén de la ciudadanía, que tiene en su mente esa aleccionadora frase del Tlatoani: “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





