Apan: el gobierno extraviado

Apan no necesita una presidenta en permanente pleito, necesita una autoridad en modo gobierno; necesita menos ruido y más resultados, porque al final la gente no vive de posicionamientos, ni de excusas, ni de pleitos con regidores, sino de que su municipio funcione.

En Apan ya no sorprende que haya pleito, lo raro sería que por una vez se hablara del municipio por algo bueno. Desde que Zorayda Robles llegó a la presidencia municipal, el nombre de Apan no ha estado ligado a resultados, obras o soluciones, sino a enfrentamientos, acusaciones, escándalos y a un desgaste político que parece no tener fondo. Regidoras que denuncian amenazas, regidores que se deslindan, protestas ciudadanas y pleitos que terminan en tribunales son la postal que hoy carga el municipio.

 

Y cuando un gobierno se la pasa peleando, deja de gobernar, así de sencillo. El conflicto no debería ser una forma de mando, pero la realidad muestra que ahí todo acaba mal: desde una sesión de cabildo, hasta una solicitud de información, todo termina en bronca.

 

Lo peor es que esto ya no parece un mal momento, sino una manera de ejercer el poder. Ahí están las denuncias por presuntas violaciones a derechos político-electorales de integrantes del cabildo, los expedientes laborales acumulados contra el ayuntamiento y las resoluciones que le ordenan entregar información que simplemente no entregó cuando debía.

 

Si en un gobierno debe intervenir un tribunal para que se respeten las formas mínimas de convivencia institucional, algo está muy mal y el problema deja de ser de comunicación para volverse uno de sentido común y oficio político.

 

Pero más allá de los expedientes, hay que recordar que la ciudadanía votó por una opción que le resolviera sus problemas comunes, esperando soluciones en temas tan básicos como el agua, el orden, los servicios, la estabilidad social y un mínimo de seriedad, pero lo que está recibiendo es un gobierno que parece vivir atrapado en su propio conflicto, entre pleitos de palacio, disputas judiciales y decisiones que enredan cada vez más la convivencia política.

 

A estas alturas, el problema con Apan ya no es sólo de percepción pública sobre un gobierno formalmente constituido; ya es un problema político, particularmente para Morena y Nueva Alianza Hidalgo, que postularon a la actual alcaldesa y ahí es donde la calamidad deja de ser municipal para volverse también política.

 

Apan no necesita una presidenta en permanente pleito, necesita una autoridad en modo gobierno; necesita menos ruido y más resultados, porque al final la gente no vive de posicionamientos, ni de excusas, ni de pleitos con regidores, sino de que su municipio funcione. Y si a estas alturas en Apan se habla mucho más de conflictos que de avances, entonces tal vez el problema no es la oposición, ni el cabildo, ni los tribunales, sino quien se supone que tendría que estar gobernando.






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