La oportunidad está en la paz

El Índice de Paz México 2026, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, es una medición que no se basa en percepciones políticas o hechas al aire, sino en indicadores como homicidio, delitos con violencia, delitos cometidos con armas de fuego, crimen organizado y miedo a la violencia.

Hidalgo volvió a colocarse entre las 10 entidades con mejores niveles de paz en el país. Eso, de entrada, es una buena noticia y sería absurdo negarlo. El estado aparece en el noveno lugar nacional en el Índice de Paz México 2026, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz. Esta es una medición que no se basa en percepciones políticas o hechas al aire, sino en indicadores como homicidio, delitos con violencia, delitos cometidos con armas de fuego, crimen organizado y miedo a la violencia. Vale la pena decirlo así de claro porque muchas veces se escucha el dato, pero no se sabe bien qué está midiendo ni por qué importa.

 

Pero justo ahí empieza la parte interesante. Estar en el top 10 nacional de 32 entidades no es tampoco una medalla para colgarse y seguir caminando como si nada. Primero, porque Hidalgo bajó del lugar 8 al 9 respecto de la edición anterior y segundo, porque el propio informe deja ver que hay focos que obligan a leer el resultado con seriedad y con menos entusiasmo automático. A veces en este país nos acostumbramos a medir todo en términos de crisis o de triunfo y se nos olvida una categoría más útil: la oportunidad.

 

Uno de los puntos en el índice que más llama la atención es el impacto económico de la violencia. En la edición más reciente, sólo tres estados registraron un aumento en este rubro y uno de ellos fue Hidalgo con una alza del 8.9%. Dicho en palabras simples: esto aparece cuando la violencia o su percepción te obliga a gastar más para sentirte más seguro. Por eso hablar de paz es más fino que hablar solamente de seguridad: porque permite ver el costo completo del problema y no sólo en su expresión de seguridad pública uniformada.

 

Y ese es, quizá, el punto en el que tengamos que poner más atención y seriedad. Si reducimos todo a seguridad e inseguridad, terminamos pensando que el tema se resuelve sólo con patrullas, operativos, fiscalías o cámaras. Claro que esas instituciones importan y claro que tienen una responsabilidad central, pero la paz no vive ahí. La paz se construye en casa, se complementa en la escuela, se implemente en el trabajo, se ve en la salud pública, desde la prevención, desde el presupuesto y desde la capacidad del Estado y la sociedad para coordinarse.

 

Por eso los resultados del índice no deben ser reproche fácil, sino la oportunidad de reenfocar los esfuerzos. A las instituciones del gabinete estatal de seguridad y procuración de justicia les toca una parte pero no toda. Las Secretarías de Educación, Desarrollo Económico y Hacienda seguramente tienen algo que aportar, porque la forma en que se distribuyen recursos públicos, se detona la economía y se forman a las nuevas generaciones revela las prioridades reales.

 

En otras palabras: qué bueno que nuestro estado siga entre las entidades mejor colocadas del país, pero sería un error leer ese dato como permiso para confiarse. La paz se genera y mantiene a través de una política pública integral y ahí es donde hoy Hidalgo tiene su gran oportunidad.






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