La escena política en Hidalgo atraviesa por un momento de redefinición y ascenso de las fuerzas partidistas, donde, sin cortapisas, la derecha y su casta añeja no presenta mayores argumentos para asegurar empatía de las y los hidalguenses.
En este escenario de rendimientos políticos decrecientes para el PRI Hidalgo, su presidente y también diputado local, Marco Mendoza, ha aparecido en los medios de comunicación bajo la defensa legislativa de las corridas de toros; buscando quizá empatía entre el sector, reducido por cierto, de todas y todos aquellos que se postulan por la preservación de la fiesta brava -que sólo es fiesta o festín para aquellos que disfrutan de este dantesco espectáculo-, y con ello, ganar un espacio de discusión que se ha pretendido polarizar y escalar en una especie de trinchera de tauro política.
El debate político que desde la derecha se encuentra empobrecido en el Congreso de Hidalgo, mis únicos y queridos lectores, está direccionado desde la tauro política para causar suspicacias y estragos desde una arena que tiene implicaciones económicas para los grupos que lucran con el espectáculo de la tauromaquia.
Fuera de la jugada habitual, la actriz mexicana, Kate del Castillo, encendió las redes con declaraciones en las que adhiere su postura para solicitar la prohibición de las corridas de toros en Hidalgo y que nuestra entidad se sume a las que preservan legislativamente la vida animal.
Las declaraciones de Kate del Castillo han sido censuradas por el presidente del PRI Hidalgo, acusando que, en el pasado, la actriz protagonizó un encuentro con un capo de la delincuencia organizada en México y, en esta lógica, censurando su autoridad moral para prohibir las corridas de toros y, más aún, para argumentar sobre un tema de carácter social sobre la preservación del respeto a la vida de los animales.
Más allá de un desencuentro entre el líder del PRI Hidalgo y la actriz Kate del Castillo, se encuentra el hecho de que para la escena pública y del ejercicio de gobierno, el PRI Hidalgo no es ya un agente protagónico de la interlocución social y, mucho menos, de la tarea pública, por lo que todo indica que a falta de pan, buenas son las tortillas; dicho de otra forma, este desencuentro es utilizado en la búsqueda de reflectores, mientras las tareas vitales y apremiantes de las y los ciudadanos no son abanderadas por el PRI Hidalgo.
Es evidente que la discusión sobre la prohibición de las corridas de toros no es una cuestión menor en torno a la preservación de la vida de los animales, porque se inserta en un momento de la historia de la humanidad, donde el planeta agoniza por nuestra indolencia y, por ende, ir en contra de la vida de los animales es un tema que no puede ser pasado por alto.
No entraré en la discusión de la tauro política porque me parece absurda y mi postura es clara, me adhiero a la defensa y la preservación de cualquier ser vivo.
Como múltiples negocios en la esfera del sistema capitalista, las corridas de toros enuncian una de tantas tropelías de intereses económicos encubiertos con argumentos culturales, pero, en los hechos, existe todo un entramado de lucro que, en realidad, es la verdadera razón de la defensa de las corridas de toros, en un país donde debemos defender la vida y no aceptar la violencia hacia la vida animal.
Mis únicos y queridos lectores, la escena política la tiene el Congreso de Hidalgo, que no puede sustraerse a la polarización social que ha causado este desencuentro entre la preservación de la vida animal y los intereses de mercado; lo que deja el cuestionamiento: ¿se trata de un problema de conciencia social o de ponderar a la política como preservadora de la vida?
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





