Hay contradicciones que no necesitan una investigación de meses para quedar expuestas. A veces basta con mirar las fotografías, revisar los discursos y observar el comportamiento de quienes gobiernan.
Morena lleva años construyendo buena parte de su narrativa política alrededor de la soberanía, el antiimperialismo y la crítica al gobierno de Estados Unidos. Donald Trump, sus políticas migratorias, sus presiones comerciales y sus decisiones hacia México han sido motivo constante de cuestionamientos desde el oficialismo.
Sin duda, es legítimo criticar al gobierno estadounidense. Lo que resulta difícil de explicar es la comodidad con la que algunos políticos mexicanos combinan el discurso de confrontación con los privilegios de ser visitantes frecuentes de ese país.
Una cosa es cuestionar a un gobierno extranjero y otra muy distinta es construir políticamente la imagen de que Estados Unidos representa prácticamente todos los males del mundo mientras, en la vida privada, se disfruta de sus vacaciones, sus centros comerciales, sus restaurantes y sus parques de diversiones.
El caso de Andrés Manuel López Beltrán volvió a poner esa contradicción sobre la mesa. Andy confirmó hace algunos días que Estados Unidos le había revocado la visa y acusó que la decisión tenía motivaciones políticas. La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó la medida y sostuvo que no existía una investigación de autoridades mexicanas contra él. La Embajada estadounidense, por su parte, respondió que cancelará visas cuando existan razones para hacerlo, independientemente de quién sea el titular o cuáles sean sus opiniones políticas.
Entonces aquí cabe una pregunta abierta a Morena, y es que, si Estados Unidos es presentado como un gobierno imperialista, racista, intervencionista y enemigo de la transformación mexicana, ¿por qué tantos de sus críticos políticos conservan celosamente su visa estadounidense?
La oposición incluso llevó el desafío al Congreso; por ejemplo, Lilly Téllez pidió a legisladores oficialistas que rompieran sus visas como muestra de congruencia. Nadie aceptó el reto.
No se trata de que un mexicano tenga visa estadounidense. El problema es que algunos quieren tener el discurso de la resistencia, pero conservar intactas todas las comodidades y privilegios de aquello que dicen combatir. Disney, Miami y las compras, sí; el “imperio”, no.
No es correcto afirmar que un político de Morena visitó Disney, Miami o Estados Unidos simplemente porque circula una fotografía en redes sociales. Cada caso debe documentarse.
Pero sí existe una larga conversación pública sobre viajes de políticos y familiares de la clase gobernante a Estados Unidos, incluyendo vacaciones, compras y visitas a destinos turísticos.
Y ahí está la contradicción política que merece ser discutida, ya que si alguien considera que Estados Unidos es un país al que México debe enfrentar políticamente, entonces habría que preguntar si es congruente criticar mientras se toma el vuelo hacia el imperio Yanqui.
Si van a protestar, que protesten de verdad. Si Morena considera que la revocación de visas estadounidenses contra políticos mexicanos constituye una agresión, una intromisión o una injusticia, tiene todo el derecho de pronunciarse. Pero entonces debería existir congruencia.
Y, si realmente consideran que utilizar una visa estadounidense es incompatible con su postura política, que quienes quieran convertir el asunto en una bandera de soberanía renuncien voluntariamente a ese documento. No porque Estados Unidos se los exija, no porque exista una ley mexicana que lo obligue. Sino por congruencia política.
Es evidente que entregar la visa sería mucho más contundente que cien discursos sobre el imperialismo.
Parece que en el caso de México y su clase política la soberanía es selectiva.
No se puede hablar permanentemente de soberanía y después comportarse como si la frontera política terminara en el discurso y comenzara en la visa.
La cancelación de la visa de Andy López Beltrán no demuestra por sí misma que haya cometido un delito. La propia discusión pública ha reconocido que una cancelación de visa no equivale automáticamente a una sentencia penal. Pero sí produjo algo políticamente mucho más interesante, obligó a Morena a mirarse en el espejo.
Al final, parece que para algunos la fórmula es bastante sencilla, ya que Estados Unidos es malo para el discurso, pero magnífico para las vacaciones.
Congruencia desde México, y no desde la comodidad de una casa en Houston, como en la que vive José Ramón López Beltrán.





