Amenaza Trump con cancelar el TLCAN

El martes pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a más de 5 mil de sus seguidores en Arizona reafirmó su posición frente a las negociaciones en curso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y fue claro: “No creo que podamos llegar a un acuerdo… En última instancia, creo que terminaremos cancelando el TLCAN”, señaló. Por supuesto, cada quien puede sacar las conclusiones que más le satisfagan, pero en esta columna hemos señalado el verdadero propósito de las negociaciones que sobre el Tratado ha aceptado el mandatario estadounidense.

El canciller de México, Luis Videgaray, supone que es una estrategia de Trump para presionar a México y Canadá en las negociaciones. La verdadera estrategia del presidente de EU es aceptar sentarse con México y Canadá para simular unas negociaciones que no consumirán a modernizar el TLCAN sino a su destrucción. Modernizar al TLCAN significa dejar la zona de libre comercio creada en 1994 donde cada país elimina sus aranceles para el comercio con los socios y conserva los suyos para el comercio con terceros países, para pasar a conformar una unión aduanera con un arancel común para los tres firmantes.

Pasar de la zona de libre comercio a una unión aduanera significaría profundizar el compromiso con la integración regional por parte de los tres países, profundizar y modernizar el espacio económico común creado en 1994. ¿Pero querrá realmente Estados Unidos hacer eso? Evidentemente no; por lo que hemos escuchado todos, Trump no desea profundizar su relación comercial con México a través del TLCAN, él y sus negociadores aspiran a hacer a un lado el Tratado y proponer la firma de dos acuerdos comerciales separados, y a modo, a México y a Canadá.

Es probable que por el tamaño de la economía de Canadá, el nivel de sus relaciones comerciales, políticas y militares, Estados Unidos quiera profundizar la integración; pero con México, al que Trump ve más como un problema que como un mercado potencial, definitivamente no querrá seguir avanzando por ese camino.

Trump no sólo tiene compromisos con su electorado, sino aspiraciones de reelección que desea concretar, para lo cual precisa materializar sus promesas. Por esa razón, en Arizona ha dinamitado al TLCAN y puesto un epitafio a su renegociación; sus declaraciones sobre las negociaciones en curso indican que el presidente de Estados Unidos tiene pocas esperanzas sobre su éxito; él está convencido que el TLCAN sólo ha beneficiado a México y así lo expuso durante su compaña presidencial, comprometiéndose frente a sus electores a modificarlo en beneficio de su país o salir del Tratado.

Pero las cosas tampoco no están fáciles para Canadá, país al que Trump también ha criticado y acusado de competencia desleal en por lo menos los casos de la leche y la madera. De acuerdo con Ottawa, el comercio entre los dos países alcanzó los 882 mil millones de dólares en 2016 y mantiene su compromiso con las negociaciones en curso.

Por lo pronto, tanto la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Christine St-Pierre, como el canciller de México, se consuelan con saber que hay negociadores sentados en la mesa y una agenda para la renegociación del TLCAN, aunque no acepten el posible desenlace final ya anunciado por el Trump.

Existen relaciones económicas que se han estrechado en estos años entre los tres países, que hacen complicado terminar con el TLCAN sin una alternativa para un aterrizaje suave. Existen datos que apuntan a que existen 14 millones de empleos en Estados Unidos que dependen del TLCAN, por ejemplo; y mientras que México envía anualmente más del 82% del total de sus exportaciones a Estados Unidos (80%) y a Canadá (2%), hay 35 estados de Estados Unidos que tienen a Canadá como su principal mercado y una relación similar de estados que la tienen en México.

Lo cierto de toda esta historia, es que México debería tomarse en serio el fin del sueño americano y buscar su independencia económica frente a Estados Unidos, basada en el TLCAN hasta ahora.

El fin del TLCAN puede ser un trauma que sufra la economía mexicana, pero también una oportunidad para su modernización y expansión. Hasta ahora la economía nacional sólo ha podido crecer a tasas promedio anuales de 2.6% con el TLCAN (1994-2017), mientras que ha visto incrementar la pobreza de 27 millones en 1993 a 55.3 millones en 2014.

Evidentemente, es mejor aprovechar la infraestructura para exportar a los países vecinos, pero mientras eso ha pasado nos hemos olvidado de América Latina y el Caribe, hacia donde cada año México sólo exporta alrededor del 6.5% del total de lo que vende al exterior y a China, hasta hace pocos años atrás, el 1%. Como la dependencia del petróleo de nuestra economía, la dependencia de Estados Unidos le está haciendo daño al país, no sólo económicamente, sino políticamente. Del impredecible Trump no se pueden esperar milagros, sólo que cumpla sus promesas hechas a los electores, nos guste o no, de lo cual depende su reelección.

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Por: José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.






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CONTEXTO ECONÓMICO GLOBAL - José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.