Chile: lucha social y represión política

DICTADURA ENMASCARADA. Sebastián Piñera sigue los pasos de Pinochet al instaurar un Estado de sitio, con toque de queda bajo el argumento de la guerra contra el coronavirus.

Difícil caminar por las calles de Santiago ensangrentada. La represión y la violencia del Estado se afianzan ante las pifias de una administración rebasada por la cosa social, erosionada en un gobierno facho y proclive a la carnicería humana como es el de Sebastián Piñera, que ante la impotencia e impericia que experimenta frente a la demanda ciudadana, lo mismo caracteriza de guerra a las demandas de redistribución de la riqueza y de las oportunidades sociales,que a la lucha del coronavirus, con la cual ha encontrado el pretexto inmejorable para golpear a la población.

La lucha social en Chile ha rebasado las tareas de conducción política de los partidos y de la clase política, espectros que han dejado de ser interlocutores de la sociedad. Por ende, pese a que ciertos símbolos de la lucha de clase y de la polarización ideológica que han primado, el clima social no plantea un orden sistémico alterno al capitalismo, sino una depuración de las formas de dominación que impiden la redistribución de la riqueza en uno de los países “aventajados” en América Latina.

Pero si la lucha de clases se ha matizado hacia una lucha social heterogénea con un rubro de intereses comunes, ¿cómo se combatirán las contradicciones estructurales?

En Chile existe un antes y un después de la dictadura de Pinochet, existe una herida histórica de generaciones impedidas por la carnicería de la dictadura y generaciones que se nutrieron del esplendor del capitalismo de Friedman, aquellas que hablaban de un Chile industrial, de relaciones económicas de mercado flexibles y de amplia libertad, mientras el pueblo se cagaba de hambre y era brutalmente reprimido.

Hoy las grandes alamedas se llenan de sangre, se reprime y la violencia de los carabineros como cara de la violencia de Estado se justifica en pos de la salud perdida frente al coronavirus, pero sólo es un maquillaje de mierda de la legalidad imperante que viola las legalidad para sostener lo indefendible, las granjerías de la desigualdad jurídica del Estado chileno.

Sorprendentemente el impasse de la pandemia le ha permitido a Piñera seguir los pasos de Pinochet al instaurar un Estado de sitio, con toque de queda bajo el argumento de la guerra contra el coronavirus, asegurándose de debilitar a la mayor parte de los chilenos, que ante la muerte, el hambre y la desolación podrían transigir ante una Constitución a modo en favor de las élites dominantes.

Sabemos que el pueblo no debe permitir que lo avasallen, pero tampoco puede sacrificarse; el sufrimiento ha sido el signo de una añeja herida histórica basada en la desigualdad de oportunidades y de la distribución de la renta del Estado.

Piñera y su gobierno de mierda son tan brutales como lo fue la dictadura de Pinochet, pero a diferencia de la conciencia de clase en el gobierno de Allende, ahora todo parece estar circunscrito a la uniformidad de conquistas sociales que no terminarán, ni podrán fin al capitalismo que las prohíja.

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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