China vs. Estados Unidos: los gigantes se confrontan

Trump equivocó el camino y supuso que podría presionar y amenazar a Beijing hasta lograr su cometido.

Donald Trump se ha obstinado en destruir el medio ambiente y la economía mundial. Sólo le bastó llegar a la presidencia de Estados Unidos para sacar a su país de los Acuerdos de París -creados para detener el calentamiento global del planeta-, luego expuso abiertamente su oposición al libre comercio y dio los pasos necesarios para encerrar a la economía de su país detrás de un muro de aranceles y cuotas a las importaciones, para finalmente volver al proteccionismo comercial que, suponíamos, había pasado a la historia de la economía mundial.

En su campaña presidencial, Trump señaló a México y China como enemigos de su país, acusándolos de abusar de su economía y sacar provecho de ella, robando millones de empleos y de inversiones. Con México y Canadá inventó una renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) firmado en 1993 y destinado a crear una zona de libre comercio, con lo cual llegó en 2018 a delinear un acuerdo comercial con aranceles para sustituirlo, que no beneficia a México, pero mantiene abierto el mercado estadounidense.

Con China las cosas han sido distintas, más complejas. Estados Unidos ha estado negociando un acuerdo comercial desde el año pasado que cada vez se enreda más, no porque sea difícil lograrlo sino porque el presidente Trump intenta que imperen sus criterios y su ley sobre la soberanía china. Hoy, la interdependencia de las economías más grandes del planeta hace imposible que una u otra puedan vivir sin los flujos de comercio e inversiones que han estrechado sus relaciones comerciales durante años.

Trump equivocó el camino y supuso que podría presionar y amenazar a Beijing hasta lograr su cometido. El presidente estadounidense enterró el libre comercio que su país defendió durante años como la mejor expresión de la democracia y del libre mercado; el viernes pasado anunció el aumento a los aranceles del 10 al 25% a 200 mil millones de dólares de importaciones chinas, dando inicio a una escalada de represalias inimaginable.

En respuesta, China anunció que inicialmente aplicará aranceles a más de 5 mil productos estadounidenses y con ello cayeron todas las bolsas de valores en el mundo, generando una enorme incertidumbre en los mercados y entre los inversionistas sobre las consecuencias negativas de una guerra comercial a gran escala que frene aún más el crecimiento económico.

China y Estados Unidos, las dos economías más grandes del planeta, están enfrentadas. Washington ha reiterado su amenaza de aumentar los aranceles sobre todas las importaciones chinas y Beijing ha señalado que nunca cederá a la presión de Estados Unidos. Este mismo lunes se anunció la entrada en vigor de los aranceles aduaneros sobre 60 mil millones de productos estadounidenses a partir del 1 de junio, poniendo de rodillas a todos los mercados de valores, cuyos indicadores cerraron en números rojos y decretaron un lunes negro.

Con este enfrentamiento, la probabilidad de que China y Estados Unidos lleguen a un acuerdo comercial parece alejarse. Lo cierto es que, si las inversiones no llegan a México, no será culpa del presidente, sino de la incertidumbre que reina hoy en los mercados, lo que ha hecho que inversionistas y analistas se tomen más en serio el estallido de una guerra comercial, la cual hasta hoy era de baja intensidad, y comiencen a evaluar las consecuencias de su progresión paulatina, sus efectos sobre el crecimiento económico, la inflación y los intercambios comerciales, lo cual colapsaría a muchas economías.

Autor: José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.



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