Conocer y obedecer

El hombre piensa sin descanso para crear nuevas rutas, sin embargo, desde el primer momento sus pensamientos están enfrentados con los patrones aprendidos en la infancia.

La invisibilidad no es posible en la conducta social; se es invisible en el alma, en el cuerpo del espíritu donde nuestra imaginación recrea nuestros anhelos y deseos, aquellos que se esconden o escondemos en la sinopsis de nuestro recuerdo de vida que depositamos en la incongruencia onírica.

No podemos construir una sociedad a nuestro gusto, no es un cheque al portador ni una premisa de matiné, por el contrario, nos sujetamos a los patrones sociales aun sin pensar en ellos; desde que nuestra familia impone el primer “¡no!” en la infancia, es el intento del esfínter que se abre al mundo ante nuestra movilidad torpe de aquellos pasos sin huella, aquellos que nos hacen pensar que afirmarse es la posibilidad de no caer.

Pero nuestros pasos no son solo motricidad esquelética, son en realidad la contundencia de pensamientos sueltos o conexos, de una mente que se mueve hacia la mirada del horizonte, tan vestigial como el primer aroma que envuelve en la mañana el suspiro de las rosas o del aliento del café de oficina; en todo ello llega el cambio de latitud, conocer y obedecer, como coacción simple o jurídica, lo mismo desde la moral que desde la cadena de ley.

¿Conocer para obedecer? Cuando pienso al hombre que piensa sin descanso para recrear o crear nuevas rutas, percibo que sus pensamientos están enfrentados mucho antes de emerger hacia su conducta por las constantes del origen genético que se emperra en la conducta legada por la historia del núcleo primario desde arriba como el gigante de nuestras primeras fantasías o desde la oscuridad como inicio de nuestra soledad.

Conocer para obedecer es el laberinto del colegio que jamás rompió mis cadenas de hacer del recreo, el recreo de la melancolía del conocer de escuela.

Las cadenas subalternas, lo mismo de la producción que del intelecto, siempre necesitan eslabones que en el conocer deben obedecer para que la cadena siga siendo cadena.

 

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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