Crisis económica e inestabilidad comercial

Estados Unidos y China se disputan el dominio de la economía en todo el mundo, sobre todo, lo referente al comercio digital.

Nos habíamos hecho a la idea de que el gobierno de Joe Biden mejoraría la relación de Estados Unidos con el mundo, pero al parecer solamente fue una quimera. No solo se trata del abandono del libre comercio de Estados Unidos en el gobierno de Donald Trump, sino del vertiginoso avance de la economía china en el mundo. Ahora, frente a las ambiciones chinas en la región del Pacífico, Estados Unidos intenta convencer a los países de la zona de sumarse al acuerdo comercial que ha estado desarrollando sobre comercio digital, pero las naciones están atrapadas entre dos fuegos: las ambiciones estadounidenses y las chinas, y algunos dudan de qué lado es mejor estar, aunque México sabe bien cuál es el mejor lado en esta historia.

Incuestionablemente, después de cuatro años de abandono, ahora Washington está tratando de unir a los países de Asia Pacífico en torno a su acuerdo propuesto sobre comercio digital. Por lo que ésta es una de las grandes batallas del siglo XXI, en plena era de la globalización de la economía, donde establecer cómo regular el comercio electrónico en el mundo digital en constante expansión es la clave.

Hoy los tres gigantes: Estados Unidos, China y la Unión Europea, concentran el 80% del comercio electrónico transfronterizo. Oficialmente, alrededor de 80 países, incluidos los tres gigantes mencionados arriba, han tenido dificultades para negociar un acuerdo plurilateral sobre este tema desde 1998, siempre bajo los auspicios de la Organización Mundial del Comercio (OMC); sin embargo, el tiempo se ha agotado y es preciso tomar decisiones.

Ahora, con motivo de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), Washington está intentando imponer sus puntos de vista a los países de la zona del Pacífico; el objetivo es contrarrestar los objetivos chinos de expansión comercial y hacer frente a todos sus proyectos, incluido el camino de la seda, que pretende dinamizar el comercio entre Asia, Europa y África.

Para suerte de China, que ya lleva una ventaja considerable en sus proyectos comerciales, por ahora el acuerdo previsto por Estados Unidos se encuentra en etapa de gestación, pero el proyecto estadounidense tiene como objetivo definir los estándares para la economía digital, incluidas reglas sobre el uso de datos, sobre facilitación del comercio y sobre el régimen arancelario para las transacciones realizadas vía electrónica. Esto podría afectar a muchos países del acuerdo comercial Asia-Pacífico, concluido en 2020 y firmado por once países, entre ellos México, luego de la salida de Estados Unidos del proyecto en 2017.

Canadá, Chile, Japón, Malasia, Australia, Nueva Zelanda y Singapur podrían verse tentados a unirse a la iniciativa de Joe Biden. El ministro de Comercio de Malasia, Azmin Ali, elogió la medida y pidió a las empresas estadounidenses que utilicen su país como puerta de entrada al sudeste asiático, mientras que Singapur promocionó el potencial para la creación de empresas, un espacio común digital global abierto y confiable. Otros países de la región no quieren participar en un proyecto que se considera dirigido contra China, mientras que los gigantes tecnológicos chinos, profundamente arraigados en la región, como Alibaba, Tencent y Huawei, han invertido grandes cantidades de recursos en la zona del Pacífico y no quieren una guerra comercial.

Autor: José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.


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