Cuauhtémoc Ochoa, una mala decisión de Morena Hidalgo

“La nominación de Cuauhtémoc Ochoa al Senado por Morena estuvo mal desde el inicio, pues no era el momento para postular a un político que no tenía sangre guinda ni identidad morenista”.

A Morena le ha costado construir en Hidalgo un gobierno de alternancia que pueda tener el sello distintivo de sangre guinda en las venas, ya que en sus vasos capilares confluyen distintos colores políticos que han tratado de encumbrarse en un partido que construyó un emporio político de izquierda.

 

La hibridación en las filas morenistas en Hidalgo ha creado un contrapeso político no sólo por la tensión del pasado de sus militantes y adherentes, sino porque la mayoría de los personajes de renombre han intentado hacer del partido guinda un apéndice del tricolor, lo cual marcó no sólo la infiltración política en Morena, sino también en la estructura de gobierno.

 

La incontinencia política de apetitos al interior de Morena Hidalgo creó un panorama de beligerancia que escapó a la dirigencia del partido y evidenció que la creación de esta nueva fuerza política de alternancia tiene que seguir un proceso de depuración que se despliegue en múltiples dimensiones: política, ideológica, orgánica y programática.

 

La nominación de Cuauhtémoc Ochoa al Senado por Morena estuvo mal desde el inicio, pues no era el momento para postular a un político que no tenía sangre guinda ni identidad morenista. Este caso se replicó en otras candidaturas y se produjo el caos que llevó a convocar al “encuentro de unidad”, en el que el gobernador Menchaca Salazar estuvo presente como militante de altura política.

 

Cuando se recurre a la movilización partidista a título de “sesión solemne”, como lo ocurrido en el “encuentro de unidad”, quiere decir que estamos ante una estrategia de contención política y no de jubileo político.

 

¿Por qué realizar un encuentro de unidad cuando existe unidad? En realidad, se trató de un llamado al cierre de filas frente a la disonancia entre el gobierno de Menchaca Salazar y Morena que, a su vez, ya había tenido llamadas de atención en la antesala de las candidaturas desde la presencia de López Obrador y Claudia Sheinbaum en Hidalgo.

 

La cereza del pastel fue Cuauhtémoc Ochoa, a quien le sorprendieron cacareando los programas sociales como estandarte de campaña, torpeza inaudita cuando su propio capital político se encontraba en entredicho en Morena Hidalgo y en la escena local.

 

Las fuerzas de la oposición se han comido vivo a Cuauhtémoc Ochoa con justa razón, porque no se puede incurrir en torpezas garrafales en pleno proceso electoral.

 

Cuauhtémoc Ochoa, en la suma y resta de Morena, genera la certeza absoluta de que su candidatura fue una pésima decisión y que la construcción de la alternancia política del gobernador Menchaca Salazar aún no madura lo suficiente para que el fuego amigo no provoque un incendio.


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