Algunos expertos vaticinaban que los Leones de Yucatán serían los campeones de la Zona Sur, por encima de los Diablos. La realidad resultó diametralmente opuesta: terminaron en el último lugar.
Pensaron que, tras el retiro de sus mejores cañoneros, Art Charles y Luis Juárez, estos serían fácilmente sustituidos por Alodys Díaz y Esteban Florián.
A esto se añadió que veteranos como César Vargas y Yoanner Negrin vinieron a la baja. Eso explicaría cómo, tras barrer a los Diablos en el Kukulcán al principio de la temporada, los Leones cayeron en un tobogán que le costó el puesto a Sergio Omar Gastélum.
Su sustituto, Hansley Mullens, no pudo enderezar la nave. La crisis se agudizó cuando una de sus estrellas, Yadir Drake, cuestionó el profesionalismo de sus compañeros y fue enviado a los Algodoneros de Unión Laguna.
Ronnie Williams, quien había sido su mejor pitcher, fue enviado a los Olmecas, en una clara muestra de que habían tirado la toalla. El equipo se limitó a reciclar peloteros que habían sido dados de baja por otras organizaciones, como Moisés Gómez y Rowdy Read.
Una victoria inesperada
Por ello, no esperábamos gran cosa durante su visita al estadio Harp Helú. Sin embargo, para sorpresa de todos, los Leones ganaron el primer juego por 5 carreras a 3, con un gran pitcheo de Esmil Rogers, un home run con casa llena de Marco Jaime y espectaculares atrapadas de Dalton Guthrie en el jardín central.
Pero las aguas regresaron a su cauce y fueron apaleados por los Diablos 14 a 2, con un relevo de siete entradas de Trevor Bauer. Después perdieron 8 a 7, con Yoanner Negrin como derrotado, tras admitir un home run de Julián Ornelas.
Pese a todo, con la sorpresiva victoria en la capital, los Leones terminaron dominando la serie anual por cuatro juegos a dos, una esperanza para que el próximo año sea mejor.
Por: Jorge Carrasco V.
Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.





