Reelección municipal: resultados o problemas

Algunos alcaldes presionarán con el argumento de que es su derecho –que no lo es– o con que ya ganaron una vez y presumirán una estructura que quizá pertenece más al gobierno que a su partido y la clave para las dirigencias de todos los colores será resistir con datos en la mano.

La elección de 2027 tendrá una particularidad que ya empieza a mover los ánimos dentro de los ayuntamientos de Hidalgo: será la última ocasión en que presidentes municipales, síndicos y regidores puedan buscar la reelección consecutiva. Es natural que muchos quieran hacerlo, porque quien ya ganó una elección parte con una ventaja que otros aspirantes no tienen. El problema comienza cuando esa posibilidad se interpreta como un pase automático a la boleta, como si haber vencido en 2024 fuera razón suficiente para merecer otros tres años.

 

Ahí es donde los partidos tendrán que tomar decisiones menos sentimentales y mucho más serias. Respaldar a un alcalde en funciones puede parecer la ruta más sencilla, pero también puede convertirse en una carga si ante la sociedad fue un gobierno que dio más problemas que soluciones. La lealtad interna importa en política, desde luego, aunque difícilmente compensa el desgaste de volver a postular a alguien que ya perdió el respaldo ciudadano. Los partidos no deberían preguntarse quién quiere repetir, sino quién todavía puede ganar.

 

Tampoco sería justo meter a todos los ayuntamientos en la misma bolsa. Habrá gobiernos municipales que lleguen a 2027 con avances visibles, cuentas ordenadas y una relación aceptable con su población, mientras los demás tendrán problemas para explicar qué hicieron además de administrar la nómina y echarle la culpa de todo a quienes estuvieron antes. Lo mismo vale para los cabildos, porque también habrá síndicos y regidores que quieran otros tres años después de pasar los primeros peleándose entre sí. La reelección puede servir para premiar un buen desempeño, pero también para exhibir a quien pretende cobrar dos veces por un trabajo mal hecho.

 

Algunos alcaldes presionarán con el argumento de que es su derecho –que no lo es– o con que ya ganaron una vez y presumirán una estructura que quizá pertenece más al gobierno que a su partido y la clave para las dirigencias de todos los colores será resistir con datos en la mano. Esto es importante, porque si las decisiones se toman solamente para evitar pleitos internos, los problemas llegarán en junio próximo cuando la ciudadanía les recuerde que también tiene opinión sobre quién merece continuar.

 

La última reelección municipal en Hidalgo debería ser, entonces, algo más que una temporada de alcaldes buscando extender su estancia. Tendría que convertirse en un corte de caja donde los partidos revisen resultados y decidan sin confundir el derecho a aspirar con el derecho a ser postulado. Quienes gobernaron bien tendrán argumentos para pedir otra oportunidad; quienes no, seguramente también la pedirán, porque ya los conocemos, pero eso no significa que deban recibirla. Repetir en el cargo aún puede ser legal, pero en muchos casos políticamente inconveniente.