El proceso electoral local todavía no empieza formalmente, pero en Hidalgo ya todo se está moviendo. Como lo hemos venido abordando aquí, los partidos ya están midiendo fuerzas, los aspirantes empiezan a dejarse ver y las discusiones sobre paridad, acciones afirmativas, reelección y reglas de postulación ya están sobre la mesa. En medio de todo eso está el Instituto Estatal Electoral de Hidalgo, que llegará al arranque del proceso como árbitro de una elección que no se ve sencilla y con varios temas propios todavía por acomodar.
Para empezar, su Consejo General no está completo, opera con cinco consejerías y, si todo camina conforme al calendario previsto, el INE tendría que designar las dos vacantes antes de que el proceso inicie. Eso importa porque un organismo electoral necesita plenitud institucional para hacer su trabajo y enfrentar con más solidez las decisiones difíciles de una elección.
También está el tema presupuestal, donde el IEEH ha insistido en que es un órgano austero, pero la austeridad tiene límites cuando enfrente hay una elección local con ayuntamientos, diputaciones y consulta popular. Tampoco se trata de darle un cheque en blanco, pero es indiscutible que en nuestro país, con tantas reglas y partidos, la democracia es cara.
La relación entre el IEEH y el gobierno estatal parece estar en un punto curioso: parece no ser mala, pero tampoco se ve plenamente aceitada. Ha habido encuentros y comunicación institucional, pero también explicaciones de su presidencia sobre que la Secretaría de Gobierno, por ejemplo, no decidirá las reglas electorales, pero justamente que tenga que aclararlo ya dice algo del ambiente. Con esto, debe entender que una elección como la de 2027 tiene que contar con una coordinación institucional que sirva.
Hacia adentro, pareciera haber dejado atrás los constantes desencuentros públicos entre consejerías, y eso ayuda, pero la ausencia de pleito no siempre significa unidad. El IEEH necesita llegar al proceso no sólo sin escándalos internos, sino con una narrativa institucional que le permita explicar sus decisiones sin que los partidos tengan elementos para desacreditarlas fácilmente. Esto termina siendo importante porque lo que viene no será menor: diseñar las famosas reglas de postulación frente a una clase política cada vez menos paciente con sus controvertidas decisiones técnicas.
Por eso, el reto del IEEH no será únicamente organizar la elección, sino llegar al silbatazo inicial con autoridad suficiente para que todos entiendan que hay árbitro. Completar el Consejo y tomar las decisiones correctas serán condiciones indispensables para no empezar el proceso corriendo detrás de la jugada. Hidalgo necesita que el IEEH llegue completo, firme y con el silbato bien afinado.





