El Parque Nacional El Chico es uno de esos lugares que los hidalguenses sentimos como parte natural del paisaje y como siempre ha estado ahí, pareciera que asumimos que nada pudiera pasarle. Está cerca, es hermoso, genera actividad económica y representa uno de los grandes tesoros ambientales del estado, pero quizá por esa familiaridad también corremos el riesgo de olvidar que un bosque no se conserva solo y que basta con permitir una construcción irregular para que el daño termine pareciendo parte de la normalidad.
La detección de 43 sitios con infraestructura sin autorización dentro del área protegida del parque confirma que no estamos frente a una preocupación exagerada. Hay lotes cercados, casas, casetas y otras instalaciones que tendrán que ser revisadas, mientras cinco construcciones ya fueron suspendidas y un inmueble fue clausurado por ubicarse en una zona de preservación. Está bien que las autoridades hayan empezado a actuar, pero el verdadero reconocimiento llegará si la vigilancia continúa y las sanciones no se pierden entre tanto trámite.
Porque alrededor de los bosques siempre aparece la tentación del negocio fácil. Alguien compra o se apropia de un terreno, levanta una cabaña, abre una especie de camino y supone que, como está lejos y rodeado de árboles, nadie va a darse cuenta. Después llegan los argumentos de la inversión, el empleo o el desarrollo turístico, como si poner cemento en cualquier sitio fuera sinónimo automático de progreso. El Chico sí puede generar economía y recibir visitantes, pero dentro de reglas claras, porque un área natural protegida no debería convertirse simplemente en un fraccionamiento campirano.
También es importante que los pobladores cercanos formen parte de su defensa, no como enemigos del desarrollo, sino como quienes mejor conocen lo que está en riesgo. Cuidar el parque no significa impedir toda actividad económica, sino ordenar el crecimiento y evitar que unos cuantos hagan negocio mientras los costos ambientales se reparten entre todos. La conservación funciona mejor cuando las comunidades encuentran beneficios en proteger el bosque y cuando saben que la ley se aplicará igual al pequeño propietario que al constructor con influencias.
El Chico no necesita discursos románticos cada vez que hay un incendio o una construcción irregular, necesita presupuesto, vigilancia y coordinación institucional. Qué bueno que esta vez se detectaron obras y se actuó, pero no hay que olvidar que cada construcción irregular tolerada abre camino a la siguiente. El bosque es patrimonio de Hidalgo, no terreno disponible para quien llegue primero con dinero, planos y la esperanza de que nadie mire.




