El camino del PRI

Ahí está el camino priista: competir con realismo y con una narrativa que le resulte atractiva a su base; si bien no parte de cero, tampoco puede caminar como si nada hubiera pasado. Su reto será convertir el oficio político que todavía conserva en una propuesta que le pueda resultar atractiva a la ciudadanía.

¿Cómo se compite políticamente cuando ya no se tiene el poder de antes, cuando los antiguos aliados no necesariamente caminarán juntos y cuando la marca todavía carga un estigma pesado?

 

Es la pregunta que el PRI en Hidalgo tendrá frente a sí para 2027. El partido tricolor ha dicho que recorrerá todos los municipios para fortalecer sus estructuras e, incluso, elegir a su dirigencia estatal mediante el voto directo de la militancia, todo lo cual ayuda, claro, a su narrativa de renovación política, pero el problema del PRI frente a la ciudadanía no es de organización, sino de credibilidad.

 

Durante décadas, el PRI no tuvo que explicar demasiado su presencia. Estaba ahí, gobernaba, decidía y era el dueño mismo de la vida política hidalguense. Hoy, el escenario es otro. Morena y sus aliados son la fuerza dominante, el gobierno estatal está en sus manos y buena parte de la conversación pública se mueve alrededor de la 4T. En ese contexto, el PRI ya no puede competir como si todavía administrara el tablero, más bien tiene que jugar desde un lugar con menos estructura de poder, pero quizá con más libertad política.

 

Ese puede ser su primer dilema rumbo al 2027. Si va en solitario o con menos acompañamiento del que tuvo en otros momentos, cargará más peso sobre sus propios hombros. Ya no podrá esconder alguna debilidad, ni diluir sus errores detrás de una coalición opositora común, pero, paradójicamente, eso le da la ventaja de hablar con voz propia.

 

Ahora, no basta con decir que el PRI está de vuelta o decretar que no está en crisis. La política territorial puede ser un factor positivo, pero sólo si sirve para escuchar y no sólo para tomarse la foto. En lo municipal, donde se juega buena parte del ánimo político hidalguense, todavía hay espacio para mover el tablero. En ese contexto, además de las siglas, pesan los nombres, las familias, los liderazgos y las historias. El PRI lo sabe mejor que nadie, porque durante años vivió de esa maquinaria.

 

Pero el 2027 no será una arena fácil. El PRI no sólo debe salir a pedir votos como si la ciudadanía tuviera memoria corta, sino explicar por qué puede volver a ser opción sin que eso parezca regresar al pasado. Esa es la parte interesante, porque el sólo desgaste de gobernar que podría tener la 4T, no le bastará a la oposición para ganarle terreno.

 

Ahí está el camino priista: competir con realismo y con una narrativa que le resulte atractiva a su base, si bien no parte de cero, tampoco puede caminar como si nada hubiera pasado, su reto será convertir el oficio político que todavía conserva en una propuesta que le pueda resultar atractiva a la ciudadanía.






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