El oficio político en tiempos de protagonismos

“Alejandro Velázquez, secretario del Despacho, se ha vuelto uno de los perfiles más útiles para la operación institucional y política del gobierno, porque ha mostrado algo que en política vale mucho: capacidad para destrabar, operar y mantener equilibrio sin necesidad de reflectores”.

El gobierno de Julio Menchaca ha entrado ya en la segunda mitad de un sexenio que llegó con una carga política distinta a la de cualquier otro en Hidalgo. Con él han caminado hombres y mujeres que asumieron el compromiso no sólo de acompañarlo en el cargo, sino de ayudarle a responder a las expectativas ciudadanas que despertó la alternancia.

 

Y es que este no ha sido un gobierno cualquiera. Se trata del primer gobierno estatal surgido de una alternancia real en Hidalgo, y eso elevó desde el principio el tamaño de la expectativa pública. Menchaca no sólo encabeza una administración, también representa para muchos la posibilidad de que un cambio político se traduzca en una manera distinta de gobernar.

 

Pero ningún gobernador gobierna solo. La posibilidad de que esa expectativa se convierta en resultados también depende de la capacidad, la prudencia y el oficio de quienes lo rodean. Y en ese terreno, aunque el gabinete ha tenido pocos cambios en su primer nivel, también ha dejado ver los efectos de acomodos políticos y aspiraciones personales.

 

En términos generales, el equipo del gobernador se ha mantenido con relativa estabilidad desde 2022. Son más los secretarios que siguen desde el arranque que los que llegaron después, pero esa permanencia no siempre ha significado eficacia. Ha habido momentos en que, lejos de ayudar a consolidar al gobierno, algunas áreas han terminado generando inconformidades, polémicas o crisis mal administradas. Y eso, en un gobierno de alternancia, pesa el doble.

 

Por eso, a estas alturas del sexenio, empieza a perfilarse con más claridad un nombre que destaca no por estridencia, sino por contraste. En medio de un gabinete donde a varios les ha faltado oficio, mesura o sentido de oportunidad, Alejandro Velázquez ha logrado consolidarse como un operador eficaz, ecuánime y, sobre todo, discreto; una cualidad rara en tiempos donde más de uno confunde el protagonismo digital con trabajo.

 

El secretario del Despacho se ha vuelto uno de los perfiles más útiles para la operación institucional y política del gobierno. No necesariamente porque haga más ruido que otros, sino porque ha mostrado algo que en política vale mucho: capacidad para destrabar, operar y mantener equilibrio sin necesidad de reflectores.

 

Quizá Velázquez entendió antes que varios de sus compañeros algo elemental: que un gabinete está para resolverle problemas al gobernador, no para generárselos. Porque los desatinos no sólo desgastan a un funcionario, desgastan la promesa completa del gobierno de la alternancia. Y francamente a estas alturas queda claro que no todos los colaboradores del gobernador han entendido el tamaño del momento histórico que les tocó vivir.