Enseñar fuera del aula

El SNTE anunció recientemente, frente a la opinión de los padres de familia, que volverá a las actividades bajo protesta, de que la lucha sigue y las movilizaciones no se harán esperar hasta que se liquiden los compromisos para con los jubilados y homologados.

La educación pública en nuestro país es un sistema que se genera más allá de las aulas. El salón de clases es el último escalafón en la extensa línea de jerarquías existentes en la administración pública y es, sin duda, el espacio más descuidado y maltratado en el sistema educativo nacional. 

Desde el pasado 3 de enero, los miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en Hidalgo decidieron emprender un paro de labores por falta de pago de aguinaldos y bonos a sus miembros jubilados. ¿El responsable?, según el magisterio es el gobierno estatal, que está muy ocupado preparando las próximas elecciones. ¿Los afectados?, otra vez los miles de alumnos que se han quedado sin clases desde hace más de quince días. 

Sin embargo, el SNTE anunció recientemente, frente a la opinión de los padres de familia, que volverá a las actividades bajo protesta, de que la lucha sigue y las movilizaciones no se harán esperar hasta que se liquiden los compromisos para con los jubilados y homologados. Entre todos estos conflictos administrativos, se cuelan las luchas de poder que existen dentro de las organizaciones responsables de la educación en México y su gran capacidad de convocatoria. 

Es el 2022, el mundo lleva casi dos años en condiciones críticas por una pandemia, las instituciones educativas han reventado la salud mental y física de sus trabajadores (y alumnos) para tener evidencias de cada cosa por la que se les paga a los profesores. Los libros de texto tienen erratas inadmisibles, la competitividad educativa del país a nivel mundial está por los suelos, las habilidades de comprensión lectora y pensamiento crítico de los estudiantes mexicanos están por debajo de lo esperado. 

Entre todo esto, la lucha del SNTE es siempre administrativa, monetaria, política. ¿Es eso legítimo? Sí, pero con la misma furia y organización con la que se defienden esos privilegios, debería pelearse por una nueva educación, por una nueva forma de ser maestra y maestro en una estructura corrupta que usa todo su poder para generar capital político y no para transformar el mundo desde el único lugar esperanzador que nos queda: el salón de clases. 


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