Imperialismo virtual

La interacción humana ha sufrido cambios que nos acercan más a la inercia y la despersonalización, que a un verdadero avance como sociedad.

El célebre libro del escritor chileno Ariel Dorfman, “Para leer al Pato Donald”, es la tesis sociológica del imperialismo cultural, donde las potencias penetran la mente a través de la imposición de sus patrones culturales, los cuales se disfrazan entre los apetitos de mercado que trascienden a la moral y los estereotipos multidimensionales de la realidad social.

Las sociedades bajo el yugo del imperialismo cultural hoy se expresan a través de las máscaras sociológicas de un imperialismo virtual teledirigido, donde el mercado disfraza de entretenimiento y comunicación social la interacción humana, al grado que la actuación relacional se ha reducido a los artefactos superfluos como el teléfono móvil, el ordenador y las pantallas de absorción social.

Las niñas piden de regalo una Barbie, mientras los niños el XBOX de tercera dimensión: Barbie reproduce la estética y el glamour sajón desde su cabello rubio y sus nalgas estilizadas con senos pequeños, al tiempo que deja ver el mundo del éxito económico; por su parte, el XBOX propicia la reducción del pensamiento a la violencia controlada y al color lúdico de la sangre y la muerte, mostrándonos que desde la pantalla, la muerte y la violencia cesan a las 3 de la mañana entre tacos y cervezas.

El monstruo del imperialismo virtual es virtuoso, apendeja y engaña tras bambalinas, en el disfraz del adoctrinamiento que desvela el mundo que debe ser, sin que los usuarios de ese mundo se pregunten si vale la pena vivir en la estupidez.

El monstruo del imperialismo virtual ha ganado la batalla y posiblemente la guerra.

Conversar para conversar y recrear la realidad se ha convertido en una de las mayores proezas de la humanidad, porque habitualmente las personas no conversan, es decir, no exponen desde la dialéctica de la razón que somete a la realidad a la razón la construcción de esa realidad; solo se limitan a oír sin escuchar, mientras sus dedos se deslizan al acorde de la idiotez en piano del teléfono móvil, mientras que sus ojos oscilan distantes entre imágenes y mensajes, sin que de sus labios emerja una palabra sentida, significada, profunda.

El imperialismo virtual es el nuevo coloniaje cultural; nosotros hemos dejado de ser nosotros por el festín orgiástico de un mundo que es una mierda per se, pero que la mayoría se la come sin hacer gestos, al grado que, en los funerales, el muerto tiene que pedir atención mientras las lágrimas de sus deudos escapan mojando la pantalla del teléfono móvil.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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