La comprensión ontológica 66

Treinta años después vuelvo a encontrarme en el mismo problema.

 

Sinaloa, 1989

 

El veneno de cascabel recorre mi quebrado cuerpo y, durante el proceso de empozoñamiento bothrópico, padezco una serie de arrepentimientos morales por las actividades que me llevaron al mismo lugar donde la cascabel inició el final de una etapa y, dialécticamente, el comienzo de otra por completo contradictoria. El fin de una época no sólo residía en la experiencia cuasi-mortal presente sino en las consecuencias materiales de dicho evento, es decir:

En las transformaciones del espíritu.

La gran metáfora de Nietzsche: primero el camello, luego el león y, finalmente, el niño. El camello proyecta el sentido de culpa, carga sobre su lomo todos los pesos como la culpa original y la eterna-culpa-eterna siendo el basamento de toda su moral. El peso de todos los pesos, el peso ajeno y, por consiguiente, estar en-ajeno. No obstante, al camello le gusta cargar dicho peso y, de hecho, al abandonarlo acaece necesariamente la transformación del león, el deber ser que muta en el ser del querer, yo quiero, la voluntad del espíritu y la creación de libertad como condición de posibilidad del niño. El espíritu creador, i.e., inocencia, juego y, sobre todo, un nuevo comienzo.

—Así es, hermano Serner —me dice Friedrich a través de Zaratustra—: «para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad».

—Y «el retirado del mundo conquista ahora su mundo».

 

Continúa

La fenomenología del devenir

 

Autor: Serner Mexica

Filósofo por la UAM, estudió la Maestría en la UNAM y el Doctorado en la Universidad de La Habana. Fue Becario de Investigación en El Colegio de México y de Guionismo en IMCINE. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia EMILIO CARBALLIDO por su obra "Apóstol de la democracia" y en el 2011 el Premio Internacional LATIN HERITAGE FOUNDATION por su tesis doctoral "Terapia wittgensteiniana".






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