La espada de la moralidad en Afganistán 

Miles de voces se manifiesten en contra de lo que ocurre en Afganistán bajo el imperio de su Estado teocrático, pero ello no implica que la percepción occidental sea la prudente para entender esta realidad.

La lucha de género ha causado desencuentros sociales y modificaciones en los entramados jurídicos de diversos países de occidente, sin que hasta ahora haya disminuido la violencia, porque no tiene que ver con el género, sino con la articulación misma de una sociedad, donde existe infinidad de factores que la desatan. Del otro lado del planeta, en Afganistán, el gobierno talibán ha impuesto el uso riguroso de Abaya negra y un niqab a las mujeres que estudian en las universidades y ha ordenado que, al término de las clases, esperen en un recinto cinco minutos mientras los estudiantes varones abandonan el plantel.

 

Esta medida talibán es para occidente una espada de moralidad y ya ha tenido reacciones de grupos feministas; sin embargo, el tema  merece un análisis que no puede hacerse desde el panóptico occidental.

 

Deberíamos haber entendido, desde hace más de un siglo de aproximación a la cultura del islam, que las repúblicas teocráticas musulmanas no escinden la realidad social, no la parcelan y, por ende, la verticalidad y dimensión infinita de su credo ha trazado la línea de la conducta social.

 

A diferencia del mundo musulmán, en occidente la ley de las dos espadas, es decir, el poder del Estado y el poder de la Iglesia se encuentran separados, por lo que la construcción de la moral social es distinta y obedece a sus propias lógicas.

 

El análisis crítico tiene que ver con el hecho de que, frente al muro de la diversidad cultural, no se puede juzgar de manera hermenéutica la realidad de otras latitudes, sino que debe hacerse con un enfoque exegético, es decir, desde los propios elementos de una cultura que son válidos en tiempo y espacio de acuerdo a la validación misma de esa cultura. Sin ir más lejos, esta dimensión legal en nuestro continente la revisten los pueblos originarios desde Canadá hasta la Patagonia, por lo que no podemos juzgar igual en nuestro entramado socio-moral, cultural y legal, lo que es distinto.

 

Puede y, en los hechos sucede, que miles de voces se manifiesten en contra de lo que ocurre en Afganistán bajo el imperio de su Estado teocrático, pero ello no implica que la percepción occidental sea la prudente para entender esta realidad. Por tanto, el panóptico occidental está muy lejos de entender, sentir y apreciar las condiciones de cualquier otra formación humana en el planeta.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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