Dicen las lenguas de doble filo que, tras más de 10 días hábiles desaparecido de la Presidencia Municipal de San Felipe Orizatlán, el todavía alcalde en funciones, dr. Carlos César Pérez Escamilla, anda tan perdido que ya no se sabe si está de viaje, en retiro espiritual… o simplemente huyendo de su propio desastre. Desde aquel último video donde anunció su salida rumbo a la Ciudad de México no volvió a dar señales de vida: se esfumó, literal.
Y mientras él anda quién sabe dónde, en el pueblo ya se corren historias que ponen la piel chinita: que incluso su pequeño hijo fue dado de baja de su escuela, a petición de los propios padres, quienes prefirieron cambiarlo de plantel “por si las moscas”. Cuando hasta la familia empieza a deshacer maletas… algo muy grave huele en el aire.
En ese vacío de poder, el que ya se relame los labios es el tesorero municipal, Juan Andrés Delgado, que como suplente de Escamilla podría sentarse en la silla sin esperar los dos años reglamentarios. Total, si la silla está quedando sola… ¿por qué no probarla de una vez?
El detalle es que, antes de aspirar a la candidatura, tendría que resolver el hoyo financiero monumental que —cuentan los que saben— ha construido en tan sólo un año de esta administración, un auténtico cráter que haría temblar a cualquiera.
Porque si algo quedó claro en apenas un año es que este grupo llegó con soberbia, prometió el cielo… y terminó demostrando que no pueden administrar ni una caja chica y menos aún una operación política en forma.
San Felipe, a partir de la llegada del Dr. Escamilla, siempre estuvo en malas manos. No puede construirse una buena administración con una persona que es capaz de ser cómplice del presunto delito de homicidio. Esos niveles de moral no pueden construir absolutamente nada bueno, por el contrario, construyen y pactan en la oscuridad de las complicidades, así se los dicta la inmoralidad.
El pueblo de San Felipe está en el abandono, está a la suerte de pesudos liderazgos quienes se encuentran en el trabajo de rapiña. Dicen al interior del ayuntamiento que ya nada más están a la espera de que caiga el doctor Escamilla en las manos de la justicia para que entonces sí celebren y festejen la mayoría de las y los trabajadores. Es irrespirable trabajar en un ambiente laboral asfixiante, donde quienes colaboran ahí sienten temor.
El tiempo se encargará de poner todo en su lugar y en su justa dimensión, y parece que ha llegado el momento de que el alcalde enfrente sus responsabilidades. Ya no hay marcha atrás. Se sabe que saldrán a la luz todo tipo de trinquiñuelas que se han confeccionado desde la sede municipal.
Sin duda este primer año de las administraciones municipales ha estado marcado por cualquier cantidad de dislates, malas prácticas y decisiones ampliamente equivocadas, y parece que no habrá viraje para que las cosas se compongan, así es que al final de estos gobiernos municipales habrá mucho escándalo mediático, porque seguramente tendrán mucho que explicar las y los alcaldes de Hidalgo.
Este barco se está hundiendo con bandera blanca.





