La intelectualidad orgánica y la independencia

Servir a la oposición sigue siendo obsequiante para el poder político, y pasa esto principalmente con periodistas, politólogos y artistas, porque quien tiene imperio político tiene la capacidad para dirigir consumos.

Todas las personas que comercian con el poder político lo hacen con lo que puede ofertar, los miembros del sector empresarial se encuentran favorecidos y lo hacen con capital económico y humano en contraprestación de concesiones, adjudicaciones y posiciones. En este sentido, el sector académico procura hacer lo mismo, pero con sus alcances: los intelectuales ofrecen sus conocimientos, su creatividad, su capacidad de resolver problemas y el prestigio de sus figuras por cargos, reflectores, compras y favores.

La foto con la que ilustro esta colaboración no es secreta: manifiesta la necesidad que tiene la inteligencia de mantenerse cercana al poder político. Tampoco es un secreto que Enrique Krauze fue un intelectual que brilló en la última era del priismo hegemónico, tal como Francisco Martín Moreno lo hizo en la del panismo calderonista, Paco Ignacio Taibo II en esta primera etapa del morenismo y como podría brillar Gibrán Ramírez si Ricardo Monreal ganara la presidencia de México.

La naturaleza del progreso intelectual es distinta a la naturaleza del progreso político, sin embargo, pueden ir de la mano. Mientras que los bienes y las riquezas producidas por el individuo son exclusivamente productos de la mente, las posiciones alcanzadas en política pueden ser resultado de nepotismo, beligerancia, miedo, lisonja o casualidad. Por ello es que hay mentes privilegiadas en posiciones privilegiadas y mentes privilegiadas en la desdicha.

En Hidalgo hay intelectuales que han caminado de la mano con el poder político (se les llama, comúnmente, desde Gramsci, intelectuales orgánicos) como Rocío Ruiz de la Barrera, Marco Antonio Mendoza Bustamante, Juan Manuel Menes Llaguno, Pablo Vargas González, Sarkis Mikel Jeitani, Pedro Luis Noble Monterrubio, etcétera; y sin embargo, hay mentes vastas que murieron sin riquezas, en calidad de poetas malditos, como Carlos Marx, Oscar Wilde, Federico Hegel, Nicolás Maquiavelo, Howard Phillips Lovecraft, Charles Boudelaire, Ayn Rand y otros.

Recientemente conocí a un teatrólogo, escritor y dramaturgo, impresionante por sus conocimientos, que no ha tenido la suerte de encontrar a un mecenas; por otro lado, hay personas con cargos políticos cuya cultura no ha sido trabajada y brillan por motivos propios del dios de la fortuna, Pluto.

Servir a la oposición sigue siendo obsequiante para el poder político (no necesariamente para el titular del mismo), como lo demostró Soledad Loaeza al escribir La larga marcha, 1939.1994. Oposición leal y partido de protesta, o como lo hacen algunos artistas: Laura Zapata, Carmen Salinas, Sergio Mayer, Paquita la del Barrio, al fortalecer a los partidos PAN, PRI, MORENA y MC, respectivamente. Pasa esto, principalmente, con periodistas, politólogos y artistas, porque quien tiene imperio político tiene la capacidad para dar posiciones y dirigir consumos.

Sir Arthur Conan Doyle es el ejemplo que quiero dar en esta ocasión para referirme a una mente brillante que no necesitó del poder político pero que se involucró con este. Su obra era leída por muchas personas (incluso por reyes) y es del conocimiento popular que cuando el autor se hartó, mató al protagonista de su gran obra (el escritor escocés quería abandonar esa redacción y escribir novela histórica), ni su madre ni la reina Victoria pudieron aceptarlo y ambas le pidieron que lo reviviera.

Por cierto, para los actores políticos que buscan intelectuales, Maquiavelo dice esto: “Favorece asimismo mucho a un príncipe dar de sí ejemplos singulares al regir los asuntos internos (semejantes a los que se cuentan de micer Bernabò de Milán), de modo que cuando en la vida civil se dé la ocasión de que alguien haga algo extraordinario, para bien o para mal, adopte un modo de premiarlo o castigarlo que dé mucho de qué hablar. Y, sobre todo, un príncipe debe ingeniárselas para dar de sí, en cada una de sus acciones, fama de hombre grande y de ingenio excelente”. (El príncipe. Cap. XXI)

Hoy por hoy, la industria cinematográfica, los escritores de best sellers, los magnates y las academias hacen dogma su opinión y dirigen los procesos democráticos cuando los titulares del poder político inciden.

Avatar photo

Por: Iván Mimila Olvera

Abogado y asesor en materia constitucional y autor de los libros "Cuestionario de Derecho Constitucional" y "Cuestionario de Derecho Constitucional de los Derechos Humanos". Actualmente es litigante en activo y asesor de diversas organizaciones de la sociedad civil.


ARCHIVADO EN:
, , , , ,