Esta semana, Hidalgo anunció diez nuevos proyectos privados por más de 21 mil millones de pesos, con una expectativa superior a 27 mil empleos directos e indirectos. Con ellos, la administración estatal reporta ya 130 proyectos por casi 148 mil millones de pesos, lo cual es importante ponerlo en perspectiva desde diversos ángulos, como el saber qué sigue después de cortar el listón del anuncio.
Se sabe que atraer inversión privada no es sencillo. Una empresa que compromete cientos o miles de millones de pesos no lo hace solamente porque recibió una invitación, sino porque detrás hay análisis serios sobre ubicación, infraestructura, mercado, seguridad jurídica, logística y posibilidades de crecimiento. El hecho de que capital privado esté volteando hacia Hidalgo habla, al menos, de condiciones que hoy parecen resultar más atractivas que antes y dentro del balance de esta administración, el desarrollo económico comienza a perfilarse como uno de los rubros con resultados más visibles.
Con esto también conviene estudiar las cifras anunciadas. Se ha informado que de los proyectos acumulados, 75 ya están en operación, 23 en construcción y otros 22 que todavía transitan por etapas de proyecto, permisos o licencias. Esa diferencia importa porque una inversión anunciada inicia su impacto en una comunidad cuando comienza sus operaciones, cuando contrata, produce y genera actividad económica alrededor y ahí está el reto para el gobierno y los inversionistas, que estas acciones terminen convirtiéndose efectivamente en empleo, mejores ingresos y más oportunidades para quienes viven aquí.
A partir de esto, viene la oportunidad de ordenar el crecimiento que esas inversiones provocarán, tomando en cuenta diversos factores como el poblacional, vivienda, movilidad, agua, y servicios. Si la inversión privada avanza más rápido que la infraestructura pública, el éxito económico puede terminar convirtiéndose en un problema urbano y es ahí donde deberán entrar con la misma fuerza el ordenamiento territorial, la planeación y la obra pública.
Por eso el balance de esta política debe hacerse también observando cómo cambia la vida alrededor de estos polos de desarrollo. Conseguir que empresas inviertan es una buena parte del trabajo, quizá la más importante y lograr que ese crecimiento sea ordenado y se traduzca en bienestar es la segunda, y probablemente la más compleja. Al final, en el camino hidalguense se abre nuevamente una oportunidad para crecer y desarrollar su potencial.






