En política, las casualidades suelen ser demasiado convenientes para ser simplemente casualidades.
La llegada de Adán Augusto López Hernández a la operación territorial de Morena rumbo a 2027 ha comenzado a mover el tablero político nacional y, particularmente, el de los estados donde su presencia puede modificar equilibrios internos. La Cuarta Circunscripción representa una zona estratégica y, de acuerdo con la información publicada, el propio Adán Augusto asumiría la coordinación territorial de esa región.
Pero, en Hidalgo, la discusión tiene un ingrediente adicional porque se trata de la llegada de un operador nacional que altera las expectativas de quienes ya se creían candidatos antes de tiempo.
Ciertamente, algunos medios han comenzado a colocar a Adán Augusto en el centro del debate, surgen preguntas que nadie parece querer formular abiertamente: ¿quién está interesado en desgastarlo antes de que pueda tomar control político del territorio? y ¿quién se beneficia de que su llegada sea presentada como una amenaza?
No se trata de afirmar que existe una operación clandestina. No hay elementos públicos suficientes para sostenerlo. Pero, tampoco hay dudas de que alguien pretende mover la cuna.
Cuando empiezan a disputarse diputaciones federales, diputaciones locales y presidencias municipales, los discursos de unidad suelen durar exactamente lo que tarda en aparecer una candidatura que alguien considera suya.
*El caso Cuauhtémoc Ochoa*
Hay un antecedente que inevitablemente vuelve a la conversación en las mesas de café.
En febrero de 2025, Adán Augusto nombró a Cuauhtémoc Ochoa Fernández como vicecoordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Senado. El nombramiento fue presentado públicamente como un supuesto reconocimiento a su capacidad para construir consensos y lo colocó como uno de los operadores cercanos al entonces coordinador parlamentario y, supuestamente, no hubo otro interés detrás de esa decisión, pero también hubo lecturas de derrota para Ochoa.
Desde entonces, Ochoa ha sido identificado públicamente como uno de los actores que aspiraban a disputar espacios de poder dentro de Morena en Hidalgo. Incluso, medios locales han señalado que se sentía respaldado por Adán Augusto para competir con el grupo político del gobernador Julio Menchaca.
Por eso, cuando ahora aparece una nueva etapa de Adán Augusto en la operación territorial de Morena, resulta inevitable que algunos vuelvan a leer los acontecimientos anteriores.
Hasta ahora no existe evidencia pública suficiente para afirmar que Cuauhtémoc Ochoa esté detrás de una campaña mediática contra Adán Augusto. Lo que sí existe es una relación política previa, intereses que pueden coincidir o chocar y un proceso electoral que comienza a definir ganadores y perdedores mucho antes de que oficialmente comiencen las campañas.
Lo cierto es que ha habido investigaciones en las que, a través de un interlocutor, se ha visto con mucha facilidad la mano del senador para golpear a quienes considera sus opositores. En eso es muy predecible.
*El otro sospechoso: un miembro del gabinete*
En los corrillos políticos de Hidalgo circula la idea de que algún integrante del gabinete estatal podría estar preocupado por la llegada de operadores nacionales, particularmente porque tendría aspiraciones de convertirse en diputado federal.
De ser cierto, el razonamiento sería sencillo, porque si un secretario del gabinete pretende construir una candidatura federal, la presencia de un operador nacional con capacidad para intervenir en la definición de candidaturas podría modificar completamente sus posibilidades.
Lo que está en juego en Hidalgo no es solamente quién coordinará recorridos, reuniones o estructuras partidistas. Está en juego quién tendrá capacidad para influir en la construcción de las candidaturas de 2027.
Por eso sería ingenuo pensar que todos recibirán con entusiasmo a cualquier operador nacional. Algunos lo harán. Otros fingirán hacerlo. Y algunos más podrían intentar desgastarlo antes de que siquiera termine de acomodarse. ¿Quién tiene algo que perder con su llegada? Ahí podría estar la respuesta.
Hay una regla no escrita de la política y se dice que, cuando un actor resulta irrelevante, nadie se toma la molestia de desgastarlo. El golpeteo comienza cuando alguien puede alterar el tablero.
Y también habría que preguntarle al propio Adán Augusto si viene a Hidalgo a fortalecer la unidad de Morena o a reconstruir su propio grupo político.






