“Somos aliados, no subordinados”, dijo este fin de semana la dirigencia del Partido del Trabajo en Hidalgo y la frase, además de fuerza, tiene destinatario. A unos meses de que inicie formalmente el proceso electoral de 2027, lo dicho parece más un mensaje para Morena que una declaración de principios y es el mismo de siempre: podemos caminar juntos, pero tú no me mandas. Lo interesante del tema es que el PT hidalguense tiene un antecedente que le permite decirlo con cierto argumento.
En 2024 decidió competir en lo individual tanto en diputaciones locales como en ayuntamientos, mientras Morena arrasó con la candidatura común que firmó con Nueva Alianza Hidalgo, entonces aliados no fueron. El resultado para el PT: ganó 14 presidencias municipales (aunque no todas con candidatos propios, hay que decirlo) y obtuvo alrededor del 14.7% de la votación municipal. Nada mal para un partido que antes de la 4T tenía una participación casi testimonial en las elecciones locales.
La paradoja vino después. De aquellas 14 alcaldías, seis de sus presidentes municipales terminaron dejando al PT para incorporarse a Morena. Quizá por eso la frase de “aliados, no subordinados” nos hace ver que hoy el reto petista tal vez no consiste en demostrar que puede sentarse frente a Morena en condiciones de mayor respeto, sino en evitar que su crecimiento electoral termine alimentando después a su principal aliado y, al parecer, competidor.
Y ahí estará una de las negociaciones interesantes rumbo al 2027. Al PT le puede convenir una alianza en determinados espacios, pero también querrá cuidar aquello que ha construido solo y Morena, por su parte, ahora sabe que enfrente tiene a una fuerza que ya probó que puede obtener votos y municipios por cuenta propia. La verdadera discusión entonces no será semántica – sobre si son aliados o no – sino cuánto vale electoralmente caminar juntos, y cuánto no.
El PT con esto parece que busca crear una especie de autonomía estatal, que no nacional, pero su verdadera prueba no estará en repetir mantras, sino en demostrar verdaderamente que puede ser capaz de conservar estructura y liderazgos propios para las próximas elecciones, sobre todo en el contexto de tener al lado, o de frente, a una fuerza del tamaño de Morena.
Al final, dentro del cálculo que se haga, se debe tener en cuenta la lección que ha dejado la historia y la política mexicana sobre escenarios similares: crecer por cuenta propia es mucho más complejo que crecer a la sombra de un aliado poderoso, aún con el costo que eso supone.






