Hace apenas dos semanas, Héctor Estrada era considerado candidato a manager del año por su labor con los Tigres de Quintana Roo, equipo al que todos habían pronosticado para terminar en el último lugar.
Con retazos de otros equipos y luego de que le quitaran a sus mejores lanzadores, Estrada había colocado a los felinos en zona de calificación, con un récord positivo, gracias a su sapiencia beisbolística y al buen ambiente que logró en el equipo.
Entonces vinieron los enfrentamientos contra los ascendentes Piratas de Campeche, que los derrotaron en cuatro ocasiones.
En un arranque de enojo, la directiva felina despidió a Estrada, pese a que el equipo aún tenía posibilidades de calificar.
El resultado fue catastrófico: los Tigres perdieron todos sus siguientes partidos y terminaron en el octavo lugar, como si Estrada les hubiera echado una maldición.
Para entonces, ya habían rematado a sus mejores peloteros, como Philip Ervin, Calvin Estrada y el lanzador Darius Vines, como si se tratara de una venta de garaje. Además, fueron barridos por los Diablos a domicilio, con un vergonzoso 18-0 en el último juego.
Como parte de la maldición de Estrada estará la búsqueda de un nuevo manager: alguien que sepa que estará a merced de los caprichos de una directiva que no valora el trabajo y que arrastra por los suelos la grandeza histórica del equipo.
Por: Jorge Carrasco V.
Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.






