La melancolía de la razón política

El gobierno de López Obrador ha sido un respiro para millones de mexicanos que se convierte en desgracia para los políticos de la vieja guardia, quienes parece que ni en sueños podrán recuperar el poder que alguna vez tuvieron.

La erosión política en torno a la credibilidad y legitimidad de los partidos de oposición en México ha adquirido un matiz de desbandada política e inconexión militante, donde la defección es uno de los síntomas claros de la razón causal del debilitamiento y erosión de sus estructuras.

Ya no existen diálogos de los antiguos partidos de oposición con la ciudadanía que permitan garantizar su retorno a la conducción política del país; más aún, los antiguos rostros amalgamados con los noveles de esos partidos no aparecen con la significación de antaño, por lo que las posibles sorpresas de amasar un capital político vía el liderazgo personificado son un barco que ya zarpó.  

En esta geometría política la ecuación es lineal: las estructuras políticas de antaño agonizan, mientras sus líderes sucumben.

Frente a la inconcreción de la tarea pública de los antiguos partidos y sus personeros, la ciudadanía ha encontrado una mayor respuesta por parte del gobierno de López Obrador, que no aparece como corrupto o superfluo, y el equilibrio que han encontrado sus planes y programas sociales para jóvenes y adultos mayores ha cobrado una significación societal mayor que los que les precedieron en otras administraciones.

Empero, pese al apoyo social que tiene el gobierno de López Obrador, las contradicciones operativas del sistema político y de gobierno subsisten y la ciudadanía espera mucho más de lo realizado hasta el momento, en especial a la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones que entrañan la corrupción y la impunidad en México.

El “México de mis recuerdos”, película que advirtió la transición de la dictadura porfiriana a la reestructuración política, parece una radiografía política de lo que hoy ocurre en el país, y lo único que falta es el autoexilio de muchos de los políticos de la vieja guardia que han perdido la brújula del control político del Estado.

La 4T asemeja un niño en incubadora que, paulatinamente, cobra fuerza pese a la desnutrición política que ha vivido el país, sin que ello implique que recupere el crecimiento perdido ante los vicios históricos de la clase política y su administración pública.

Todo tiempo pasado fue mejor”, es el balbuceo tácito de los políticos y partidos de la vieja guardia que hoy claman por la melancolía de la razón política que en la ignorancia, miopía e inopia de su pueblo construyeron para encumbrarse como élite del poder.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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