La religión de la Patria

Ante la imposibilidad de la religión por explicar los grandes enigmas del mundo, surgió la ciencia y con ella la concepción social de un ente en el que todos los seres humanos tienen cabida: la Patria, la Matria, la Nación.

El salto cualitativo de la humanidad en la modernidad ha sido, sin duda, como planteó Nietzsche, la sustitución de los ídolos de la religión por los caminos de la ciencia. Cuando la religión no pudo solucionar los enigmas fundamentales de la vida y la muerte, la ciencia fue capaz de crear vida y prolongar su existencia, y entonces la religión perdió su predominio, además de que sus instituciones dejaron de tener el total poder político de la sociedad. 

Entonces, la Patria con su componente testicular heteropatriarcal del biopoder masculino cobró, de la mano de la ciencia y su dominio social, el pedestal de la religión, es decir, el “religare=volver a unir”. Así, se hizo terreno el vínculo humano como expresión de salvación, lo mismo desde la historia que la cultura, y la trascendencia se ofrendó al amor a la Patria.

Lo contradictorio del biopoder masculino es que no puede haber Patria sin Matria, sin la eugenesia propia de la fecundación del óvulo por el esperma nacional, de modo que lo correcto para hablar de la tierra-Estado debería ser “Mapatria”, sigo de la unión primigenia de la nación. Quizá me equivoco en estos tiempos donde lo binario del género ya no rige en todo el planeta y en múltiples países está siendo cuestionado, por lo que la nomenclatura tal vez podría ser Ma-Pa-Le-Trans.

Lo cierto es que la nación, para denominar así el origen genético de cada país, se sobrepone al origen del género para trazar un “vínculo” de identidad de sus miembros sociales y en ese vínculo “todos” caben, porque los une la identidad como signo de imaginario colectivo de las vértebras y membranas de su Leviatán.

Para que esta historia de la religión de la Patria, o Mapatria, o bien, Ma-Pa-Le-Trans, nos dejara satisfechos, quizá sería mejor utilizar siempre “Nación”; pero si ello no satisface, podríamos pensar en que todos fuimos espermas, eyaculación del ser, y que unidos al óvulo pudimos trascender como seres humanos que se encontraron en el espacio-tiempo de una tierra que nos adoptó o adoptamos, y que a la postre la quisimos tanto o más que a la eyaculación que nos dio la vida en proceso de fecundación al óvulo articulador.

Pero la Ma-Pa-Le-Trans tiene sus límites en el “religare=volver a unir”, porque la ciencia, el sentimiento, la razón, la cultura o el derecho, no lo explican ni articulan todo; por ende, la religión-credo no podrá extinguirse en el crepúsculo de los ídolos, como advirtió Nietzsche.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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